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Tiresias y la discordia entre los sexos

“Un día radiante, Júpiter deja su inquietud para jugar con la ligera Juno y le dice: Mas fuerte en ustedes, y de lejos, que entre nosotros los hombres, el goce sexual. Ella lo niega y van a consultar al sabio Tiresias quien conoce las dos Venus. En un bosque, los cuerpos de dos serpientes enlazadas en el acoplamiento fueron separados por él con un bastón. De hombre, es hecho mujer: así pasa 7 otoños. Al octavo ve las mismas serpientes y dice: Si al golpearos hay tal potencia que eso transforma en su contrario al autor del golpe voy a golpearos de nuevo, sacude las dos serpientes y recupera su forma primera. Invitado a la disputa confirma las palabras de Júpiter, Juno se queja de lo injusto y con una cólera excesiva condena los ojos del sabio a la noche eterna. EL dios, en lugar de los ojos perdidos, le da el saber del futuro y lo aligera de su pena”1. Así relata Ovidio la suerte que corrió Tiresias al testimoniar por haber sido siete años mujer, que el goce de la mujer es mas grande que el del hombre.

Lacan dice que Tiresias debería ser el patrón de los analistas2, pues va más allá de los límites del goce fálico como Edipo en Colona, y porque apunta a lo real del goce en el nudo del deseo del sujeto con el deseo del Otro. En el corazón de ese nudo de lo real de la sexualidad que es un hueco, emerge la angustia, dado que no hay ningún significante que de una identidad al ser hombre o al ser mujer. Que el analista soporte la función de Tiresias requiere además que tenga pezones dice Lacan, para indicar que la operación y la maniobra de la transferencia debe arreglarse de tal modo que se mantenga la distancia entre el Ideal desde donde el sujeto se ve amable y el objeto a pulsional que causa el deseo del sujeto3. Que la relación entre los seres hablantes se establezca a partir de discursos, nos indica los semblantes que concurren a la diferencia entre hombres y mujeres, sin los cuales no podemos abordar lo real del goce fuera de sentido y del discurso, singular para cada uno. Este goce suplementario, que no hay que confundir con el goce fálico que es el goce de la palabra, es imposible de decir. La discordia estructural entre los sexos nos permite atrapar la manera como cada uno fracasa en su búsqueda de ese Otro goce suplementario, a partir de un decir del analista donde el significante y la letra se conjugan4, enviando al ser hablante a ese vacío fundamental que deja el objeto de goce perdido para siempre y revelando el goce sintomático que viene a suplir su falta.

Nuestro Tiresias-analista vendrá a encarnar en la transferencia el cuarto término, como sinthome que anuda las tres dimensiones, simbólico, imaginario y Real, poniendo al día esas relaciones topológicas a partir de un saber hacer allí con ese real traumático de la sexualidad.

La discordancia entre el significante y el goce implica que no hay un saber de ese goce ni programa de acceso al otro sexo puesto que la sexualidad agujerea lo real5.

Notas:

  1. Ovide, Les métamorphoses, livre III, traduction Marrie Cosnay, Éditions de l’Ogre, 2017, Paris.
  2. Lacan, J., L’Angoisse, Livre X, Seuil, Paris, Pag.214.
  3. Lacan, J., Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, livre XI, Seuil, Paris, Pag. 243.
  4. Laurent, E., « L’interprétation: de la vérité à l’événement », intervention à Tel-Aviv, texto pour le Congrès de la New Lacanian School en 2020.
  5. Miller, J.-A., La experiencia de lo real, Editorial Paidós, 2004, Pago. 31.
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