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Acerca del odio

Mercedes de Francisco

Mercedes de Francisco

Vivimos en una época marcada por el imperativo del consumo y en los términos del psicoanálisis de goce. De todo podemos obtener una satisfacción y cuando esta se agota rápidamente podemos pasar a otra, en una cadena imparable.

Este momento tardío del capitalismo salvaje que ha logrado cerrarse en sí mismo de alguna manera sintoniza con algo de la constitución del ser humano. Diremos como una obviedad que este capitalismo no nos cae del cielo, ni es natural, es una forma de convivencia que nos hemos dado, tanto en los aspectos económicos, sociales, culturales etc…por ello también podemos darnos otra.

El amor, no ha sido la misma cosa según las épocas, incluso ahora tampoco es algo unívoco en cuanto a su definición. Es cierto que para los hombres y las mujeres los hechos del amor están marcados por las palabras que a través del Otro han afectado sus cuerpos. Se trata de un afecto o de una pasión de la que carecen los animales. Ya Voltaire en el siglo XVIII cuando en su diccionario definía el amor describía la cópula entre el caballo y la yegua y después nos hacía observar las ventajas que teníamos sobre ellos porque teníamos boca, piel y manos para poder disfrutar mucho más del amado o de la amada. Se nos ampliaba nuestras posibilidades de satisfacción, pero si esto es cierto, el descubrimiento freudiano viene a poner el énfasis también en lo que perdimos, perdimos ese saber sin fisuras que el instinto da a los animales.

Somos “monos inmaduros” y al nacer necesitamos del cuidado y las palabras de amor del otro para vivir…por ello estamos marcados por la vulnerabilidad y esta dependencia con el otro también nos lleva a establecer una tensión agresiva con él. Ya desde el comienzo podemos encontrar la unión entre estas dos pasiones amor y odio.

La palabra nos da marcas, posibilidad de amar y de odiar, y nos quita esa aparente armonía y adecuación que como nos decía Voltaire con su bella metáfora vemos en el mundo animal. Nuestras vidas estarán presididas por un imposible, el de hacer casar, armonizar, completar y adecuar la manera de gozar de hombres y mujeres; dando una vuelta de tuerca más, la imposibilidad de que nuestra manera de gozar pueda hacer relación con la manera de gozar del otro. Esta imposibilidad que si se realizara absolutamente nos llevaría a un autismo generalizado, encontró en el amor, en sus diferentes versiones, filial, familiar, erótico, etc…una suplencia que nos permite hacer un lazo con los otros, convivir con ellos, construir y unir nuestras fuerzas para vivir.

Freud hace su última distinción en referencia a las pulsiones, nos hablará de pulsión de vida y pulsión de muerte, o de Eros y Tánatos. Eros como representante de lo que unifica, mezcla, fusiona y Tánatos de lo que disgrega, destruye…etc. Y nos habla de estas dos grandes fuerzas que ya Émpedocles señaló que se alternaban según las épocas.

Si hay algo que nos saque de nuestro autismo esto es el amor…pero también el odio. La pasión del odio resulta, en ocasiones, un lazo más potente y prolongado con el otro, que el amor. Tanto amor como odio están en referencia al ser del otro, no se confunden con la indiferencia, el otro tiene un lugar preponderante. Lo que llamamos pulsión de muerte, Tánatos, es un paso más con respecto al odio, cuando se trata de la pulsión de muerte es la destrucción del otro, su aniquilamiento, y es también la aniquilación propia lo que se busca.

Ha habido a lo largo de la historia grandes odios entre pensadores, políticos, etc, que han sido muy productivos…para mantener el odio se necesita que el otro esté ahí. Lacan en un momento de su enseñanza anuda estas dos pasiones e inventa una palabra odioenamoramiento, siguiendo la estela de Freud.

Cuando el odio pasa a la acción, ya se produce el salto destructivo. No estaría mal en este momento volver a releer la respuesta de Freud a Einstein sobre la guerra y el Malestar en la Cultura. En la violencia “machista” a la que personalmente prefiero llamar violencia contra las mujeres, encontramos este odio que en un momento hace al sujeto pasar al acto. Se ama el ser del otro, por la vía del narcisismo, amo en el otro lo mío, por la vía del Ideal, amo en el otro lo que me gustaría ser…y en el odio, odio en el otro su diferencia, su goce diferente y singular que presentifica que no hay forma de que encontremos esa paz armónica que anhelamos. Por ello Lacan llega a decirnos que el odio apunta mejor con respecto al ser que el amor. Aunque considera que en ambos casos se trata de una ilusión con respecto al lazo con el otro.

A lo largo de la historia el amor ha tomado distintas formas según las épocas para velar este imposible del que hablamos…, pero en este intento de alguna que otra manera esto se dejaba ver. ¿Qué podemos esperar de esta época neoliberal que se sostiene en un discurso que anula lo imposible y por tanto no promueve ningún lazo con el semejante que lo vele? ¿se trata de una época descarnada?

A solas con nuestro goce autístico no podemos hacer la experiencia de la imposibilidad. Es cuando surge un lazo con el cuerpo del otro y con sus marcas singulares y su diferencia cuando vamos a experimentar lo imposible.

Por ello, este discurso del capitalismo encuentra un territorio fértil en este goce autístico y hace de este goce solipsista su mejor aliado. Son muchos los sociólogos y sociólogas que han estudiado los cambios en la vida contemporánea y Eva Illouz en concreto ha hecho estudios de campo con respecto a los cambios en la vida sentimental. ¿Como afecta en el amor la tecnociencia y la psicología que promueve la animalización de lo humano?

Es cada vez más patente la tendencia al individualismo solitario, cada uno con su goce y su aparato.

No confundimos la soledad inevitable que va unida a ese imposible con estos seres solitarios, tristes y perdidos que va generando como despojos este capitalismo salvaje.

Cuando una sociedad como la nuestra rechaza la diferencia que nos obligaría a tratar de comprender la imposibilidad de adecuación con el semejante, y trata de homogeneizarnos a través de este goce solitario y cínico, se producen estallidos de violencia. Desde el terrorismo del Estado Islámico, los asesinatos de mujeres y últimamente de niños, hasta los emigrantes anónimos que pierden la vida a millares, son la muestra de que cada uno de nosotros en este entramado pierde su singular existencia, eso que nos hace irrepetible y que se sanciona con el nombre propio. Que todo el tiempo se hablen de cifras de muertos es una de las maneras de deshumanizar y cosificar al semejante. Son cifras de muertos, como son cifras de dinero cuando se trata de una catástrofe…en un relato Borges nos decía que da igual un muerto que mil, que la cifra no servía para afrontar este hecho.

No se trata aquí de hacer una pastoral del amor, como esa ilusión que nos salvará. Tanto el amor y el odio son dos pasiones que se conectan con el ser, ese andamiaje que hemos construido para darnos una identidad y una unidad que tenemos perdida de antemano por el hecho de hablar. Es por ello que Lacan propone un cambio de paradigma a la hora de concebir el amor. Lacan formula que el amor verdadero acabará en odio y sobre esto mi amiga Rosa Mª Calvet me dejó una pregunta en el prólogo de mi libro En femenino singular. A simple vista Lacan no parecía muy optimista, sin embargo, mi intento de respuesta a la pregunta de mi querida amiga con la que quiero concluir esta aportación es que mientras que el amor esté unido a la verdad, que siempre tiene un carácter de ficción y que siempre es a medias, terminará en odio, terminará con el odio a la diferencia que el otro representa para mí. La verdad varía demasiado, por eso Lacan habló de “un nuevo amor” un amor anudado a lo real, un amor como experiencia de ese imposible y que implique su aceptación…y que permita apreciar en el otro eso que lo hace insustituible y diferente a nosotros mismos y ser eso lo que cause nuestro amor. Un amor que no sea producto del narcisismo ni del ideal, sino de la diferencia absoluta que nos iguala.

Incluso Eva Illouz, en uno de sus últimos libros, se pregunta si podría darse un nuevo amor que nos salvara de este despliegue de la pulsión de muerte donde lo que se busca es aniquilar la diferencia que se hace presente con la existencia del otro y que el fascismo imperante anudado al neoliberalismo viene a confirmar.

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