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Citas: Jacques-Alain Miller

1980-2000

 

Si el piropo me parece una situación ejemplar, es porque aquí, la función del Otro, del gran Otro, es sostenida por la mujer que figura desde siempre al Otro sexo (…) en un sentido más profundo es el sexo llamado femenino el que es fundamentalmente Otro.

J.-A. Miller, “El piropo: psicoanálisis y lenguaje”, Recorrido de Lacan, Buenos Aires, Manantial, 1989, p. 27.

 

Pienso en ese piropo (…) en el que el piropeador dice a la piropeada: “Ladrona”. Encontramos allí algo que evidentemente está entre la injuria y el elogio. También lo vemos en los piropos que solo descansan en la desintegración del cuerpo de la mujer, donde el elogio de partes esenciales de su cuerpo (…) se dirige al valor fetichista de partes de su persona.

J.-A. Miller, “El piropo: psicoanálisis y lenguaje”, Recorrido de Lacan, Buenos Aires, Manantial, 1989, p. 40.

 

¿Qué quiere decir la primacía del falo? Según el matema de Lacan quiere decir que no existe el significante de la mujer, en otras palabras, La mujer no existe.

J.-A. Miller, “Teoría de los goces”, Recorrido de Lacan, Buenos Aires, Manantial, 1989, p. 155.

 

Decir que La mujer no existe, en sentido estricto, quiere decir que para la especie humana la forclusión del significante de la mujer hace su delirio, esta es la locura genérica del ser humano, estamos todos atrapados en ella.

J.-A. Miller, “Teoría de los goces”, Recorrido de Lacan, Buenos Aires, Manantial, 1989, p. 156.

 

Cuando leemos ese texto que es el paradigma analítico del fantasma, “Se pega a un niño”, observamos que Freud lo abre mostrando la relación entre el fantasma y la satisfacción masturbatoria. Esta satisfacción es un `goce fálico´, expresión que alude a un goce distinto al `goce del Otro´. Si hay un lugar donde puede verse la separación entre ambos es en (…) la masturbación. ¿Qué supone esta última sino un goce sin Otro? ¿Sin Otro cuerpo? Aclaremos que esa satisfacción existe tanto para hombres como para mujeres y que las mujeres no solo están vinculadas al goce del Otro. También tienen relación con el goce fálico.

J.-A. Miller, Capítulo I, Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma, Buenos Aires, D.S. Rabinovich y Manantial, 1984, p. 18.

 

Cada vez que nos encontramos con un sujeto histérico, hay que buscar... la otra mujer. Porque la forma que toma la cuestión del deseo del Otro en la histeria es siempre una cuestión sobre el sexo, sobre el sexo que el sujeto tiene (…). La cuestión sobre el sexo es siempre una cuestión sobre el Otro sexo. No es verdad que haya acá reciprocidad, porque el Otro sexo como tal, para ambos sexos es el femenino. Es el Otro sexo tanto para hombres como para mujeres. De ahí que el sujeto histérico, para quien esa cuestión humana fundamental tiene toda su intensidad, espere siempre alcanzar una respuesta a través de una mujer.

J.-A. Miller, Capítulo III, Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma, Buenos Aires, D.S. Rabinovich y Manantial, 1984, p. 47.

 

Tenemos aquí una configuración que da al menos una dignidad eminente al amor, totalmente opuesta a la crítica al narcisismo de la pulsión, y sin duda ligada a lo que orienta el seminario Aún, a saber, abordar de una nueva manera la sexualidad femenina. (…) Pero finalmente, ¿qué dice esencialmente? Dice que el goce femenino, como tal, tiene relación con el Otro bajo la forma de S (A/), etc. Mientras que, en cierto modo, del lado macho, la pulsión sigue dominando, domina incluso la relación con el Otro. El macho finalmente en su goce tiene siempre relación con el objeto pulsional, como lo dice Lacan con ironía: el acto de amor del lado macho es la perversión polimorfa.

J.-A. Miller, “Revalorización del amor”, El partenaire-síntoma, Buenos Aires Paidós, 2018, p. 158-159.

 

El estrago es exactamente la otra cara del amor. De la misma manera que el amor es la anulación de todo tener, y que es la búsqueda del ser proseguida con la anulación de todo bien, de todo tener, el estrago, en este sentido, es solamente la faz de goce del amor.

J.-A. Miller, “Teoría de las parejas”, El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós, 2018, p. 276.

 

El no-todo de Lacan únicamente tiene valor si es inscrito en la estructura de lo infinito y no en esta incompletud permitida solamente por la primera referencia que yo había tomado del tener. Desde esta perspectiva, el no-todo no es un todo amputado de una de las partes que le pertenecen, el no-todo quiere decir que no podemos formar el todo; es un no-todo de inconsistencia y no de incompletud.

J.-A. Miller, “Los seres sexuados”, El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós, 2018. p. 298.

 

Este goce suplementario, que aquí escribimos A tachado, tiene dos caras. Por un lado, el goce del cuerpo en tanto no está limitado al órgano fálico. Pero, en segundo lugar –y aunque Lacan no lo escribe con todas las letras, surge de lo que enuncia–, está el goce de la palabra.

J.-A. Miller, “Una repartición sexual”, El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós, 2018, p. 317.

 

La relación de pareja, a nivel sexual, supone que el Otro se convierta en el síntoma del parlêtre, un medio de su goce. ¿Qué es el síntoma? Un medio de goce, y si estoy ligado al Otro, es en tanto que el Otro, para mí, es síntoma, es decir, medio de goce de mi cuerpo.

J.-A. Miller, “El partenaire-síntoma, medio de goce”, El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós, 2018, p. 408.

 

Estas estructuras significantes del cuerpo determinan la pareja-síntoma como medio de goce. (…) la estructura del Todo x determina necesariamente la pareja-síntoma del hombre a partir del pequeño a, mientras que la estructura significante del No-Todo determina la pareja síntoma del lado femenino como gran Otro tachado.

J.-A. Miller, “Tres” [Tercera conferencia], El hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, p. 76.

 

El estrago es la otra cara del amor, es el retorno de la demanda de amor, esto quiere decir que es como el síntoma, excepto que tiene un índice infinito. El síntoma tiene algo de localizado, algo de elemental, algo de estructura del lado masculino (…), mientras que el síntoma del lado femenino es marcado por el infinito de la estructura del No-Todo. Es por eso que de este lado toma la forma del estrago.

J.-A. Miller, “Tres” [Tercera conferencia], El hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, p. 81.

 

Esto me lleva a decir que, del lado hombre la relación pareja-síntoma se escribe (a → S/), mientras que del lado mujer eso se escribe (A/ → a). Es por lo menos el esqueleto de la relación de pareja.

J.-A. Miller, “Tres” [Tercera conferencia], El hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, pp. 83-84.

 

Como se sabe, el secreto del masoquismo femenino es la erotomanía, porque no es que él le pegue lo que cuenta, es que ella sea su objeto, que ella sea su pareja-síntoma, y tanto mejor si eso la devasta.

J.-A. Miller, “Tres” [Tercera conferencia], El hueso de un análisis, Buenos Aires, Tres Haches, 1998, pp. 83-84.

 

Este otro que no existe hace que los goces se yuxtapongan, se mezclen, y al mismo tiempo se segreguen. Nuestra brújula es que no se puede recurrir al amor al padre para orientarse, que es a mi entender lo que nos sugiere Lacan en la página mencionada de Aun. Desde esta perspectiva leeremos el texto de 1932 sobre la feminidad.

J.-A. Miller, “Las mujeres y el Otro”, El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 98.

 

Como regla general, una mujer no logra digerir lo que le dice su hombre y tampoco lo que le dice su madre. Pero esto puede extenderse, y además toda regla general es susceptible de excepción. Del lado hombre, el problema suele ser no lograr elegir partenaire, no estar seguro de cuál es el buen partenaire, si se tienen muchos, o de que sea el bueno cuando se tiene uno. Y cuando no se tiene, cuando se piensa que no se tiene partenaire, uno se pregunta por qué, qué le impide tener uno.

J.-A. Miller, “La teoría del partenaire”, El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 283.

 

Se trata de una nueva doctrina del amor, el cual no pasa simplemente por el narcisismo, sino que supone la existencia del inconsciente. Implica que el sujeto percibe en el partenaire el tipo de saber que en él responde a la no relación sexual y el síntoma que elaboró debido a esto. En este sentido, Lacan plateó en dicho seminario que el partenaire del sujeto no es el Otro, sino lo que lo sustituye como la causa de deseo. Esta concepción radical del partenaire hace de la sexualidad un ropaje del plus de gozar.

J.-A. Miller, “La partida de psicoanálisis”, El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 295.

 

El sexto paradigma se funda entonces en la no relación, en la disyunción del significante y del significado, del goce y del Otro, del hombre y de la mujer, bajo el modo de no hay relación sexual. Aun es verdaderamente el seminario de las no relaciones...

J.-A. Miller, “Las migajas del goce”, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 258.

 

Todo el mundo percibe al mismo tiempo que el matrimonio es una especie de PACS, que se escribe exactamente en esta intersección vacía donde es posible la invención.

J.-A. Miller, “El primado de la práctica”, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 272.

 

De aquí que Lacan señale que el goce no conviene a la relación sexual, lo que significa que el goce como tal es Uno, depende del Uno y no establece por sí mismo relación con el Otro. No hay relación sexual significa que el goce es en el fondo idiota y solitario.

J.-A. Miller, “El primado de la práctica”, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 275.

 

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