Variaciones del amor

María José Olmedo

Mariia Jose Olmedo

El título de esta línea de trabajo “Variaciones del amor”, me remitió desde el inicio a otro sintagma, “Variedades del amor”.

Efectivamente está por un lado la diversidad de los vínculos amorosos entre los sexos y por otro está aquello que hace que el amor cambie y sea diferente, que pueda surgir un nuevo amor, una nueva manera de amar.

Partimos de que el amor es un hecho de cultura, que toma forma a partir de las coordenadas de una época.

A su vez tenemos en consideración la diferente manera de gozar del hombre y de la mujer, goces no complementarios que no consiguen ninguna armonía, lo que nos remite a la formula de Lacan de que la relación sexual no existe, de que no hay proporción entre los sexos y que es el amor el que viene a cumplir la función de suplencia de esa imposibilidad.

En Introducción al narcisismo Freud distingue dos tipos de amor, el narcisista y el anaclítico, es decir, el amor a lo mismo y el amor al Otro, a la persona de la cual uno depende. Variedades del amor que se ubican, desde la perspectiva lacaniana, en los registros imaginario y simbólico respectivamente.

Es a partir del Otro simbólico del amor y de la articulación de los dos estatutos de apego a ese gran Otro de los que nos habla Freud, el desamparo y la dependencia, que Lacan elaborará la articulación entre necesidad, demanda y deseo, momento de su enseñanza en el que se aproximará a la máxima de que “amar es dar lo que no se tiene”1, definición del amor que pone el acento en la falta y en el don y que implica asumir la propia castración.

En la clínica nos encontramos con las diferentes respuestas que los sujetos dan ante la experiencia de falta y de dependencia a la que los expone el amor. Casuística que puede ir desde la degradación y la agresividad contra el objeto de amor, a la disociación entre el objeto de amor y el objeto de goce. A investigar también el amor sacrificial, en particular en la mujer, y su relación con el estrago2.

Ante la versión freudiana del amor, en la que el desciframiento de las condiciones amorosas está determinado por el Edipo, Lacan plantea que éste no es mas que “una interpretación mítica de una lógica mas esencial”3, la lógica fálica, que da cuenta de manera mas precisa del funcionamiento de la estructura y de la pérdida de goce y que nos va aproximando a la perspectiva del más allá del Edipo.

Mas allá del amor narcisista e imaginario donde se reclama la reciprocidad, y de la vertiente simbólica del amor en el que la demanda y el don introducen la dialéctica del deseo y la falta, está la cuestión de la relación entre el amor y el goce, lo que nos conduce al aforismo de Lacan “solo el amor permite al goce condescender al deseo”4, situándonos en la dimensión de lo real en el amor.

¿Qué es lo que posibilita que el amor lleve a cabo esa función inédita?

En el Seminario 20 Lacan se pregunta cómo es posible que haya amor por otro5 teniendo en cuenta el autoerotismo de la pulsión, que se satisface a sí misma en su recorrido; cómo es posible que algo de la dimensión de la falta se introduzca a nivel del goce. En El partenaire-síntoma, Miller atribuye al objeto causa del deseo, que también es objeto de goce, esta articulación entre deseo y goce a través del amor; objeto que determina las condiciones de amor respecto al goce.

En su última enseñanza Lacan nos propone que las condiciones para que haya amor al otro, tienen que ver con el saber inconsciente, ni con lo imaginario ni con la demanda de amor. Serán los signos que hay en cada sujeto como efecto del significante, lo que puede despertar el deseo como principio del amor; “… lo importante en lo que revela el discurso analítico, y sorprende no ver su fibra en todas partes, es esto: el saber que estructura en una cohabitación específica al ser que habla, tiene la mayor relación con el amor. Todo amor se sostiene en cierta relación entre dos saberes inconscientes”6 lo que tiene que ver con la manera en que cada sujeto está afectado por su singular modo de gozar.

Se trata, pues, de la posibilidad de que tenga lugar la contingencia del encuentro de esos dos saberes, lo que permitirá que el amor venga en el lugar de la relación sexual que no existe.

¿Cuáles son las variaciones y las variedades del amor en la lógica y en la época del más allá del Edipo?

Como destaca Miquel Bassols, “Estamos en el pasaje de la lógica del todo, la lógica del falo y del Edipo, hacia la lógica del no todo que revela el malentendido estructural entre los sexos”7.

Las coordenadas de la época, caracterizadas por el declive de lo simbólico, la pluralidad de los nombres del padre y la pérdida de la brújula fálica como “operador de la diferencia de los sexos”8, traen consigo maneras diferentes de establecer los vínculos amorosos .

El amor líquido, concepto elaborado por Zygmunt Bauman, y que describe las relaciones que se establecen en la postmodernidad; caracterizadas por la fugacidad, la falta de compromiso y la superficialidad.

El amor confluente o realista, es un amor contingente y activo que no cuadra con las expresiones “para siempre”, “solo y único”. Tiene que ver con la desidealización de la relación y de la pareja, no se aspira a una complementariedad; se aspira a una satisfacción mutua y se mantiene la relación hasta que deja de ser así.

El poliamor, “neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados"9.

Estas son algunas de las variedades del amor en la actualidad, de las que cabe destacar la dilución de la diferencia10 la tendencia a homogeneizar la sexualidad, el predominio de la lógica del “para-todos”, propiciando con ello un empuje hacia lo masculino y su forma de amar.

Situándonos en la experiencia analítica y desde ella, hay que considerar el amor de transferencia como un amor verdadero, motor y obstáculo de dicha experiencia, clave para la apertura del inconsciente desde su vertiente de Sujeto supuesto Saber y operando el cierre en la vertiente de goce.

La operación a la que se apunta en la experiencia analítica es a una forma singular de la transformación del goce en amor11.

La principal variación del amor es la que se puede ejercer sobre el goce.

En el último capítulo de Aún, Lacan nos recuerda su definición de la relación sexual “como aquello que no cesa de no escribirse12 y será del lado de la contingencia del “encuentro, entre la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual”13, lo que dará lugar al cesa de no escribirse.

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 8, La transferencia. Paidós, Buenos Aires, 2003, p.45.
  2. Cfr. Alvarez, Margarita. “Sobre los amores sacrificiales femeninos, una precisión”, Colofón 36- Buenos Aires, 2016, p. 16-18.
  3. Miller, Jacques-Alain. “Tercera conferencia”, Lógicas de la vida amorosa. Manantial, Buenos Aires, 1991 p. 38-39,
  4. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 194.
  5. Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 20, Aún. Paidós, Barcelona, 1981, p. 61.
  6. Ibid., p. 174.
  7. Bassols, Miquel. Conferencia de clausura de las Jornadas de la ELP, “Un nuevo amor”. A Coruña, 2012. (Disponible en internet).
  8. Ibid.
  9. Velásquez, Claudia. Nuevas modalidades del vínculo amoroso. Varité, publicación digital de la NEL-Ciudad de México, junio de 2012. (Disponible en internet).
  10. Cfr. Fernández Blanco, Manuel. "El psicoanálisis y las diferencias sexuales en la actualidad", Mujeres una por una. Gredos, Madrid, 2009, p. 22.
  11. Cfr. Bassols, Miquel. “La transferencia entre el goce y el amor”, Colofón 36. Buenos Aires, 2016, p. 9-15.
  12. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 20, Aún. Paidós, Barcelona, 1981, p. 175.
  13. Ibid.
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