Pasajes al acto de la discordia

Félix Rueda

Felix Rueda

Aimée

Lacan en la Universidad de Yale pregunta a aquellos de entre el público que eligieron declararse como psicoanalistas ¿cómo llegaron a su… job? Respondiendo él que “es seguro que llegué a la medicina porque sospechaba que las relaciones entre hombre y mujer jugaban un papel determinante en los síntomas de los seres humanos… la verdad verdadera, es que entre hombre y mujer la cosa no anda”1.

Esta disposición, dice, le llevó hacia aquellos que “no lo lograron”, “porque podemos decir que la psicosis es una suerte de falla en lo que concierne al cumplimiento del amor”2. Es el interés de Lacan, psiquiatra, por el caso Aimée3 en el que aborda la cuestión del delirio y del pasaje al acto. Subrayar cómo ya en esa época articulará el declive de la imago paterna con el derrocamiento de la familia en favor del matrimonio y su cohorte de exigencias4.

Roma, la lucha sexual y los envenenamientos

Años después, Lacan realiza un comentario sobre el matrimonio a partir de una “fórmula lapidaria” que lanza a un invitado: “nuestra mujer de vez en cuando debe engañarnos con Dios”5. Su comentario permite entender mejor el desarrollo que esta encontrará en su Seminario Aún, cuando afirma “mientras más se preste el hombre a que la mujer lo confunda con Dios, o sea, con lo que ella goza, menos odia (hait), menos es (est) –las dos ortografías– y como no hay, después de todo amor sin odio, menos ama”6.

Al comentar la fórmula, Lacan retoma, en el plano de la pareja, la distinción de los tres registros, señalando cómo el amor que constituye el vínculo del matrimonio, va de la mujer a todos los hombres. Y a través de la mujer, la fidelidad del esposo, apunta a todas las mujeres. Siendo el matrimonio un pacto simbólico en el que “todos” es una función universal.

Sin embargo, este “para todos” encuentra un obstáculo. El hecho de que la mujer sea situada en el orden del intercambio como objeto explica su posición disimétrica en los vínculos amorosos. El orden simbólico la trasciende, diciendo Lacan que al estar “en una relación de segundo grado con respecto al orden simbólico, el dios se encarna en el hombre o el hombre en el dios,” y “si no es a un dios, a algo trascendente que la mujer es entregada y se entrega, la relación fundamental sufre todas las formas de degradación imaginaria”7. Esta posición disimétrica que interroga la relación del universal hombre con el universal mujer y que seguirá en su enseñanza8, anticipa la inexistencia de la mujer como universal y su posición no-toda frente a la función fálica, lugar de la discordia9.

En el registro imaginario, recordará que “solo unos pocos psicoanalistas alemanes imaginaron que la lucha sexual es una característica de nuestra época […] en Roma […] era corriente que las mujeres envenenaran a sus maridos. La rebelión femenina no es cosa que date de ayer”10.

Este primer Lacan no es el de su última enseñanza. Allí donde había articulaciones fundadas en estructura, se inscribirán disyunciones: la no relación hombre y mujer, la no relación significante-significado, la no relación entre el goce del cuerpo y el Otro. Esto implica que la articulación no es a priori, es a posteriori, siendo, entonces, el síntoma el nombre por excelencia de la articulación11 y el partenaire del sujeto. Sin embargo la pulverización actual de lo simbólico produce efectos sobre la “lucha de los sexos” al prevalecer la actuación sobre la formación de síntomas.

La joven homosexual y Dora

Lacan ha esclarecido la noción de pasaje al acto, proveniente de la psiquiatría, a partir del acto psicoanalítico. Encontramos a lo largo de su seminario indicaciones esporádicas sobre el pasaje al acto que opone en cada ocasión al acting out. Mientras que el acting out siempre ocurre en una escena, el pasaje al acto no necesita del espectador y consiste en la separación radical de la escena del Otro12.

Junto a estas indicaciones Lacan da ejemplos que se han convertido en referencias clásicas sobre el pasaje al acto en la discordia de los sexos. Son los casos de la joven homosexual y Dora, en su Seminario La angustia. En el caso de la joven homosexual la tentativa de suicidio es un pasaje al acto, mientras que toda la aventura con la dama de dudosa reputación es un acting out. En el caso de Dora la bofetada al Sr. K es un pasaje al acto y todo su comportamiento paradójico con la pareja de los K., es un acting out.

La decepción por el nacimiento de un hermanito orientó a la joven hacia la homosexualidad, en forma de un amor cortés por una mujer de dudosa reputación. Esta relación, conocida por toda la ciudad, tenía un carácter de provocación al padre. La relación finaliza cuando la joven acompañada de su amada se cruza con su padre quien le lanza una mirada cargada de irritación. La amada rompe con la joven que se arroja desde un puente. La escena que la joven había creado pierde todo su valor por la desaprobación del padre quedando identificada a a y rechazada de la escena. Correlato que realiza al dejarse caer. Otro tanto ocurre con Dora en el momento en el que el Sr. K le dice “[m]i mujer no es nada para mí”, la bofetada que le da, dice Lacan: “es uno de esos signos… con su valor de cambio de agujas de un destino”13. Viraje radical en el que el sujeto desaparece cuando no puede tomar la palabra en nombre propio. La bofetada no es una palabra, es un signo que empuja a Dora a abandonar la escena, ya que identificada con la Sra. K, al recibir “mi mujer no es nada para mí”, desaparece del espejo que constituía para ella el Sr. K.

Violaciones

En el Seminario 18 Lacan se refiere de nuevo al pasaje al acto y al acting out, situándolos en relación al semblante y lo real. Siendo el pasaje al acto el momento en el que lo real se muestra en el lugar del semblante, frente al acting out en el que el semblante pasa a la escena. Recuerda cómo el comportamiento sexual humano conserva algo del cortejo animal, semblante que se vehícula en un discurso, si bien, “en los límites del discurso, por cuanto este se esfuerza por sostener el semblante mismo, hay de tiempo en tiempo real. Lo llamamos pasaje al acto”, de aquí que, en lugar de tener la exquisita cortesía animal, ocurre que los hombres violan a las mujeres o inversamente14. Comportamiento realizado en “manada”, dice Lacan, que da la ilusión de la relación sexual15.

Madeleine y Medea

Una relación de Andre Gide con Marc Alegrée es vivida por Madeleine Rondeaux, la mujer de Gide, como una traición intolerable que le lleva a quemar la correspondencia que durante años él le envió. Esta correspondencia era lo que Gide tenía de más precioso, un doble de sí mismo, que llamaba su “hijo”. En el acto de arrojarlas al fuego, Madeleine excava un agujero en el ser de Gide del que este no se recuperará. Lacan comparará este acto con el de Medea, quien al verse traicionada por Jason, que va a casarse con la hija de Creonte, asesina a su rival y sacrifica a sus hijos muy queridos, diciendo Lacan de Madeleine que era “una verdadera mujer” y de Gide “pobre Jason partido a la conquista del vellocino de oro de la dicha que no reconoce a Medea”16.

Los que se suicidan tras asesinar a sus parejas

Para terminar mencionar los casos de los hombres que se suicidan tras asesinar a sus parejas, que han sido objeto de reflexión de algunos colegas17. En el pasaje al acto el sujeto ha intentado defenderse de lo más innombrable que lo habitaba y que localizaba en su partenaire. Tras percibir que matándola a ella ha eliminado lo que lo sostenía en la existencia el verdadero acto logrado sucede al asesinato.

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “Universidad de Yale”. Lacaniana, nº 19, 2015, p. 15.
  2. Ibid., p. 15.
  3. Lacan, Jacques. De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Siglo XXI, México, 1987.
  4. Cfr. Lacan, Jacques. Los complejos familiares en la formación del individuo. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, p. 71.
  5. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Paidós, Barcelona, 1983, p. 388.
  6. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aun. Paidós, Barcelona, 1981, p. 108.
  7. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, op. cit., p. 392.
  8. Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, …o peor. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 96.
  9. Cfr. Ibid., p. 102.
  10. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, op. cit., p. 393.
  11. Cfr. Miller, Jacques-Alain. Aimée con Lacan. Prefacio. Lugar, Buenos Aires, 1999.
  12. Cfr. Miller, Jacques. Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto. Infortunios del acto analítico. Atuel, Buenos Aires, 1993.
  13. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 129.
  14. Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 18, De un discurso que no fuera semblante. Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 32.
  15. Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario Libro 19 …o peor, op. cit., p. 95.
  16. Lacan, Jacques. Juventud de Gide o la letra y el deseo. Escritos 2, Siglo XXI, México, 1989, p. 741.
  17. Véase, por ejemplo, los trabajos de Manuel Fernández Blanco: Violencia doméstica y suicidio y de José Ramón Ubieto: ¿Por qué no se suicidan ellos primero?
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