El Otro sexo

Eugenio Díaz Massó

Eugenio Díaz

“El Otro, en mi lenguaje, no puede ser sino el Otro sexo”

Jacques Lacan, Seminario 201

 

“El Otro finalmente… es el cuerpo"

Jacques Lacan, Seminario 142

Decir el Otro sexo cuando queremos elucidar sobre la discordia de los sexos, no es lo mismo que cuando se habla por ejemplo del otro sexo como el sexo contrario, o de los desacuerdos habituales entre hombres y mujeres.

La discordia, si decimos el Otro sexo, no es –al menos no lo es de una manera simple, tal como por ejemplo se entiende en la vida y en la conversación cotidiana–, la que se produce por el par antinómico (y depende cómo, sólo supuestamente antinómico) hombre, mujer. Par que orienta en general a los feminismos y las perspectivas de género (incluso aunque sea para deconstruirlo, o atomizarlo). Y que también orientó, por ejemplo, a Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo, publicado en 1949 (previa consulta fallida con Lacan), del que el mismo Lacan hizo una fuerte crítica y que en cierto modo le llevó veinte años después (un poco más los “cinco o seis meses largos meses”3, tiempo que le anunció a Beauvoir para resolver su discordia) a las fórmulas de la sexuación.

En la clase del 3 de marzo de 1972 en El Seminario… O peor y partiendo de que no hay segundo sexo (en su crítica a Beauvoir), Lacan dice: “No hay segundo sexo una vez que entra en función el lenguaje. O para decirlo de otro modo, en lo que concierne a la heterosexualidad, lo hetero… puede vaciarse para la relación sexual… el vacío que ofrece a la palabra es que lo que llamo el lugar del Otro”4. Y un poco más adelante, continúa: “Si hubiera una relación articulable en el plano sexual… ¿debería enunciarse que va de todos los de un mismo sexo a todos los del otro?”5

Aún, en este mismo sentido de crítica del “mantenimiento, fecundo al parecer, de la sex ratio (mitad-mitad)”6, Lacan señala en El atolondradicho que: “lo que se llama el sexo, eventualmente el segundo, cuando se es una necia, es propiamente, por sostenerse de un notoda, lo que no puede saciarse de universo”7.

Y es desde este notoda que puede decirse que, “la relación entre los sexos se extravía, al querer que sus caminos vayan hacia la otra mitad”8.

Entonces respondemos no, a pensar los sexos y su discordia en los términos de todos los de un mismo sexo y todos los del otro. Puesto que ello implica una lógica de la subordinación, una alteridad que no es tal por situarse en el terreno de lo universal (y la excepción), lo que serviría como coartada para la ocultación de la verdadera discordia, la que se deduce y se produce a partir del imposible que se enuncia como “no hay relación sexual” y que se continua con el “hay el goce”. Tal ocultación permitiría y permite (aunque avocado al fracaso), pensar en un final armónico o también en una subversión de los vínculos entre los sexos. Subversión que no lo es, por ser “gatopardista”, es decir del tipo, “que todo cambie para que nada cambie”.

En cierto modo y en este sentido, todos los unos y todos los otros en tanto parecen mostrarse como lo contrario, no dejan de ser lo mismo. El todo les iguala.

Este otro sexo, entonces, no es la alteridad. La alteridad inherente al ser hablante que es el humano es lo Otro, lugar vacío en cuanto a la relación sexual. “Es de este Otro del que se goza”9, donde se juega la discordia, quizás más veladamente –y si no es tan velada es por la presencia del síntoma, modo de reconstrucción del “Otro a nivel del goce”10. Aunque no por velada es menos inconmensurable, es decir sin solución como tal. Como mucho –que no es para nada poco–, con un saber y hacer con ello a partir del recorrido de un análisis.

El Otro del que se goza ya no es el Otro simbólico, par del sujeto, lugar del código. Este Otro a partir del Seminario Aún y los que le rodean, es el Otro sexo. Decir el Otro sexo, es el modo que Lacan tiene de “marcharlo” para precisar su resonancia.

Tal como señala Miller, “cuando se dice la relación sexual, queda implícitamente planteado que el goce se relaciona con el Otro, del Otro sexo…la relación sexual quiere decir que el goce abre, es un modo de relación con el Otro”11. Señalemos aquí que el se, permite la ligazón con el aforismo lacaniano “el Otro es el cuerpo”. En tanto el cuerpo es lo que se goza, que no es lo mismo que decir que el cuerpo goza, por ejemplo en la relación sexual12.

El Otro sexo, así se indica en la presentación de las Jornadas, es algo más que la “variedad de complicaciones propia de la relación entre los sexos para quienes habitan en el lenguaje”13.

Puesto que si seguimos a Lacan en su fascinante radicalidad que introduce con el “no hay relación sexual”, lo que hace a la discordia es el goce. Aunque eso no implique que no haya relación con el sexo, sino que no es “distinta en cada mitad, por el hecho mismo de que las reparta”14. Entonces, no son las identidades las que dan cuenta de tal discordia, el Otro sexo no tiene identidad como universal.

El Otro sexo implica modos de goce, no simétricos, ni complementarios. La discordia del guiñol hombre-mujer, oculta la discordia de lo insoportable de la alteridad del goce, del goce propio que no hace lazo. En Aún Lacan señala que “el goce, en tanto sexual, es fálico, es decir no se relaciona con el Otro”15. Este modo de entender el Otro es lo que implica la diferencia, lo que como tal incluye Otra discordia.

El Otro sexo, para Lacan, finalmente es lo femenino. Lo femenino es lo que introduce de manera radical la diferencia. No tanto la mujer o el hombre, meros significantes de donde toman su función. Es lo femenino, que en las formulas de la sexuación Lacan sitúa por fuera de la lógica de lo universal y la excepción. Una lógica esta última donde pueden estar tanto hombres como mujeres. La serie Juego de Tronos es un ejemplo de rabiosa actualidad sobre como unas y otros pueden ubicarse del mismo lado.

Ahora bien, ¿cómo pensar la lógica del Otro sexo con lo que Lacan había planteado unos años antes en 1967, con su aforismo “el Otro finalmente… es el cuerpo”?16

En su Reseña del Seminario nos da una indicación que podemos tomar como orientación para pensar el anudamiento entre estas dos maneras de pensar el Otro, dice allí: “nosotros hemos sostenido por primera vez que ese lugar del Otro no ha de tomarse en otra parte que en el cuerpo, (pero y aquí encontramos una clave) no es intersubjetividad”17.

Si no es intersubjetividad, la discordia se ubica en otro terreno. Se ubica en el goce en tanto este (el goce) es una propiedad del cuerpo. Y añade en la citada “Reseña”, que el cuerpo es “cicatrices, tegumentales, pedúnculos que se enchufan en sus orificios para hacer oficio de tomacorrientes, artíficos ancestrales y técnicos que lo roen”18. Nada que ver entonces con el otro, aunque sí con el Otro en tanto es el cuerpo, lugar del goce.

Entonces, no se trata de la adecuación o no entre los sexos, más bien de cómo cada lado de las formulas de la sexuación quiere abrirse a ese Otro sexo, vacío y ello aunque –incluso a pesar– de que la relación sexual es imposible.

Y es aquí donde cada parlêtre (que es aquel que está marcado por lo traumático del encuentro con lalangue) se encontrará, si está dispuesto, con un saber sobre su partenaire-síntoma, es decir con su modo de hacer con el “no hay relación sexual”, hay el goce. Y en eso la discordia está servida, puesto que finalmente el Otro no es sino el Uno.

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aun. Paidós, Barcelona, 1975, p. 52.
  2. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Lección del 10 de mayo de 1967. Inédito.
  3. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, ...o peor. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 93.
  4. Ibid., p. 93.
  5. Ibid., p.94.
  6. Lacan, Jacques. “El atolondradicho”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 486.
  7. Ibid., p. 491.
  8. Ibid., p. 493.
  9. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, …o peor, op. cit., p. 110.
  10. Miller, Jacques-Alain. El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 236.
  11. Ibid., p. 236.
  12. Miller, Jacques-Alain. “El desnivel entre el ser y la existencia”. Freudiana, 68. 2013, p. 21.
  13. XVIII Jornadas, Texto de presentación. (Disponible en internet).
  14. Lacan, Jacques. “El atolondradicho”, op. cit., p. 488.
  15. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aun, op. cit., p. 17.
  16. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma, op. cit.
  17. Lacan, Jacques. “La lógica del fantasma. Reseña del Seminario de 1966-1967”, Otros escritos, op. cit., p. 347.
  18. Ibid., p. 347.
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