Discordia y condanzación

Concha Lechón

Concha Lechón

Nacer niña o nacer niño nos coloca en una misma posición de Discordia primordial1, de inadaptación como ser vivo al medio ambiente, pues la relación con el mundo está marcada por el desvalimiento inicial con el que llegamos a él, que inaugura el vínculo con el Otro bajo la forma de la dependencia pero que también conlleva que se desarrolle un dominio imaginario del cuerpo antes que efectivo, lo que abre la posibilidad de la imaginación y de la subjetividad en el ser hablante.

Para aproximarnos al tema que nos convoca en estas Jornadas, podemos tomar algunas de las cuestiones que Freud introduce en “Contribuciones a la psicología del amor” (1910 – 1017), tres artículos en los que busca una lógica que explique las elecciones amorosas. Si bien, los hombres y las mujeres que inspiraron a Freud para construir la teoría analítica estaban regulados por un mundo simbólico muy diferente al que vivimos en el momento presente, aún podemos seguir iluminándonos con sus hallazgos y con sus impases.

Entresaco de estos textos algunas puntualizaciones para pensar lo que está en juego entre partenaires, a partir de la lectura del Seminario Divinos detalles de Jacques Alain Miller

1.- Aunque parezca una contradicción, cuando investiga un tipo particular de elección en el hombre, encuentra una generalización para la vida amorosa en el hombre, la figura de un tercero perjudicado, introduce una alteridad en una pareja imaginaria, generalidad ya introducida para la mujer, al explicar la figura de la Otra mujer en la histeria, a propósito del caso Dora. De entrada, en la pareja hay tres: uno, otro y el lugar del Otro, que a veces toma las formas más imaginarias, y por tanto más agresivas, pero que en su función de alteridad, introduce el lugar de la ley (el que tiene derecho) y que Lacan hará equivalente al lugar de la palabra y de sus efectos, es decir, al lugar del lenguaje. Entre los partenaires, las palabras y la relación de cada uno al lenguaje.

2.- Otra cuestión de relieve para pensar lo que no concuerda, es la disyunción que introduce entre el amor y la satisfacción sexual, del lado del hombre. Es por lo que Freud va a indagar en las raíces de lo que ocurre con las pulsiones sexuales. Lo que encuentra es que no puede satisfacerse plenamente en un objeto sexual, hay, una parte de la pulsión que queda ligada al autoerotismo y otra que se satisface en su desviación de la meta sexual, por la vía de la sublimación. Además encuentra que hay una oposición interna en la vida pulsional -Eros y Tánatos, una antinomia interna de satisfacción y sufrimiento, que Lacan conceptualizará como goce.

3.- En la lógica de la constitución psíquica que pasa por los avatares del Edipo, para ambos sexos, se ha de producir una prohibición y una sustitución, a partir de la cual se establecerá la elección de objeto, inconsciente, comandada por las condiciones de amor, desconocidas e incluso desconcertantes, que serán restrictivas y muy peculiares.

4.- Lo que encontró, del lado de la mujer, es la sobrestimación hacia el hombre. Una servidumbre que se presentaba, a veces, en un estrecho enlace con la hostilidad; finaliza el artículo refiriéndose a los casos de mujeres que pudiendo separarse, no lo hacen y dice: “No se liberan de él porque no han consumado su venganza"2.

Si bien en Freud, la relación entre los partenaires está condicionada por la repetición y la prohibición, Lacan introducirá que la repetición exige lo nuevo, siendo esta condición la posibilidad para la transferencia.

Tomaré dos ideas centrales para orientarnos en la primera enseñanza de Lacan, la primera de”La significación del falo” (1958): “(...) el complejo de castración inconsciente tiene una función de nudo (...) la instalación en el sujeto de una posición inconsciente sin la cual no podría identificarse con el tipo ideal de su sexo"3.

Tenemos introducida la serie: Castración (asunción subjetiva de la falta) – nudo – posición inconsciente – identificación al sexo. Encontramos ya en estas líneas la idea de un nudo que funciona como el operador que posibilita la identificación al sexo. Una vía a explorar en la clínica actual.

La segunda de su texto “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” (1960): “La sexualidad femenina aparece como el esfuerzo de un goce envuelto en su propia contigüidad (...) para realizarse a porfía del deseo que la castración libera en el hombre dándole su significante en el falo”4. Lo que me parece más relevante es que entrevé, de una forma concentrada lo que desplegará en las tablas de la sexuación respecto de la dualidad de la posición femenina, por un lado un goce contiguo, infinito, que se realiza desafiando a la castración; lo que no es excluyente de tomar también la vía de la significación fálica.

En el inicio de los años 70, Lacan enunciará su máxima: “No hay relación sexual… esta verdad de que el sexo no define ninguna relación con el ser hablante"5; justamente porque tiene que pasar por el significante es por lo que no hay relación sexual que pueda escribirse, no hay una fórmula lógica que pueda establecer una relación entre los sexos, pues algo escapa siempre a su escritura.

Se produce un viraje crucial, al pasar de hablar de la sexualidad a la sexuación, con este neologismo, que implica una elección y una decisión, se introduce una articulación entre la lógica proposicional y la topología para diferenciar dos modos de goce distintos: el goce fálico, que se realiza fantasmáticamente a través de la significación, es decir, la satisfacción que circula a través de la metáfora y la metonimia, en torno a un objeto; y un goce suplementario que se experimenta en el cuerpo y que apunta a lo indecible.

Para el Lacan de 1976, “todo debe retomarse a partir de la opacidad sexual (...) lo sexual no establece de ningún modo ninguna relación (...) en este sentido que responsabilidad quiere decir no respuesta o respuesta aproximada, solo hay responsabilidad sexual"6.

A mi entender, cómo tratar la opacidad del goce, lo real de la sexualidad, es la respuesta aproximada que cada analizante busca.

Al inicio, la discordia y un poco después, el amor propio, el cuerpo tomado como objeto – imaginario, simbólico y real – puede adorarse y puede despreciarse, incluso puede adorar a otros cuerpos, y también menospreciarlos.

Y he aquí la sorpresa de Lacan: “(...) que haya algo donde el cuerpo ya no sirva como tal - es la danza, que permite escribir de un modo nuevo condanzación"7.

Con este neologismo me pregunto, si sublimar el goce del cuerpo, es decir, sinthomatizarlo, puede permitir vínculos de amor más convenientes, mejor acordados.

La clínica actual nos enseña, cada día, modalidades diversas respecto de la posición sexuada – que incluye, incluso, la no sexuada –, recibimos las respuestas, los impasses y los embrollos que se dan hoy en día para anudar amor, goce y deseo.

Las próximas jornadas será nuestra ocasión para ponernos al día sobre esta cuestión tan candente y tan crucial de la clínica que nos ocupa.

Notas:

  1. Lacan, J., El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, Escritos 1, Siglo XXI editores, 1987, p. 89.
  2. Feud, S., El tabú de la virginidad, Amorrortu editores, 1986, Tomo XI, p. 203.
  3. Lacan, J., "La significación del falo", Escritos 2, Siglo XXI editores, 1987,
    p. 665.
  4. Lacan, J., Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina, Siglo XXI editores, 1987, p. 714.
  5. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, … o peor, Ed Paidós, Bs As, 2014, p. 13
  6. Lacan, J., El Seminario, Libro 23. El Sinthome, Ed Paidós, Bs As, 2006, p. 62.
  7. Ibíd., p.151-152.

Bibliografía consultada:

  • Freud, S., Contribuciones a la psicología del amor. I, II y III, Amorrortu editores, 1986, T. XI.
  • Miller, J-A.- Los divinos detalles. Ed. Paidós, Bs As, 2010.
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