Que la relación sexual no exista, no implica la discordia entre los sexos, encontramos otras posibilidades de tratar esta hendidura a lo largo de la historia y en sociedades distintas a la nuestra. La lucha entre los sexos es un producto peculiar de la llamada cultura occidental que ha prosperado sobre todo a partir del siglo XX, coincidiendo con un empuje creciente a situar en la pareja heterosexual enamorada el germen de lo social. Coincide también con situar en el lecho conyugal el centro del ordenamiento del goce. El psicoanálisis de mediados de siglo pasado se hizo adalid de esta alternativa, cosa que Lacan no dejó de poner en cuestión. No es extraño que en el siglo XXI este modelo esté saltando por los aires, por un lado, con una exacerbación de la discordia entre los sexos y, por otro, con la explosión de nuevos modos de ordenamiento del goce sexual.

Este ideal conyugal ha puesto a hombres y mujeres demasiado cerca de lo que los separa y también demasiado cerca de lo que se encuentra separado dentro de sí mismos: lo que puede ser ordenado bajo la lógica fálica y lo que queda fuera de ella.

Solemos hablar de dos posiciones respecto al goce, la masculina y la femenina, pero, añadimos, que, a pesar del nombre, no están relacionadas con el sexo biológico. Haré dos objeciones a esta afirmación. La primera parece sensata, ¿por qué si las dos posiciones no tienen relación con el cuerpo biológico no llamarlas en vez de masculina y femenina, posición fálica y posición no todo fálica? Soy firme defensora de esta opción. Por otro lado, objetaré, que el sexo biológico juega su partida en el asunto. Lacan hace hincapié en las complicaciones del goce del varón ubicadas alrededor de su órgano sexual, tanto en el seminario 10, (“aprenderá que no sólo es que eso no existe, sino que eso no quiere saber nada, o más exactamente que eso hace lo que le da la gana”1), como en su Conferencia sobre el síntoma, (“el encuentro con su propia erección no es para nada autoerótico. Es todo lo que hay de más hétero. Ellos se dicen: ¿Pero qué es esto?”2). Respecto a la mujer subraya los enredos del goce alrededor de “las implicaciones nunca revocadas de una bisexualidad psíquica referida en primer lugar a las duplicaciones de la anatomía”3 y alrededor de “la oscuridad sobre el órgano vaginal”4. Son formulaciones para señalar allí donde el goce del propio cuerpo ligado a la anatomía se vuelve opaco para cada uno de los sexos.

Conocemos bien los modos en que la lógica fálica hace sexualmente viables estos arsenales de goce sobre todo a través de la mediación del objeto a en su valencia fálica. Los varones aferrados a los ires y venires de los efectos del objeto a en su cuerpo, intentando amarrarlo a través del fantasma. Las mujeres con sus luchas y contradicciones para hacerse vehículo de este objeto a y conseguir así el alojamiento en el deseo del Otro, del que caen tan pronto como el varón hace su uso, sino no fuera por el amor…, por eso lo buscan.

Pero algo queda para ambos sexos del acopio de goce realmente “hétero” que no pasa por estos juegos. Y aquí, sí, la diferencia entre posición fálica y posición no-todo fálica, independiente del sexo biológico. La posición fálica rechazará este resto de goce no falicizable, no querrá saber nada de él, como si no existiera, aunque eso tenga sus efectos. Y la posición no-todo fálica, en cambio, se verá abocada no solo a hacer algo con este resto de goce que se le impone, sino que también habrá de encontrar la manera de transitar entre lo fálico y lo no todo fálico con su mejor saber hacer.

Diremos entonces que tanta más discordia entre los sexos, cuanto más se desconozca esta discordia interna que habita todo ser hablante entre estos dos modos de enfrentarse al resto de goce realmente “hétero”. Presa del desconocimiento de la división interna que nos afecta en el tratamiento del goce, pensaremos al otro sexo como causante de los efectos mortificantes del goce opaco.

Notas:

  1. Lacan, J. Seminario 10: La angustia, Buenos Aires, Paidós, 2008, pág. 221.
  2. Lacan, J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y Textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1988, pág. 128.
  3. Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”, Escritos 2, México, Siglo XXI Editores, 2003, pág. 705.
  4. Ibid., pág. 706.
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