“It is a truth universally acknowledged that a single man in possession of a good fortune must be in want of a wife.

However little known the feelings or views of such a man may be on his first entering a neighbourhood, this truth is so well fixed in the minds of the surrounding families, that he is considered as the rightful property of some one or other of their daughters.”

Jane Austen, Pride and Prejudice.

“Es una verdad universalmente reconocida que a un hombre soltero que posee una gran fortuna le falta una mujer.

Aunque no se conozcan los sentimientos u opiniones de dicho hombre cuando llega a una comunidad, esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias del entorno, que se le considera como la legítima propiedad de alguna de sus hijas”

Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.

He aquí el inicio de una de las novelas del siglo XIX más famosas de la literatura inglesa. Como ocurre en algunas de las grandes obras narrativas, las primeras frases contienen en sí mismas el alma de la novela, de manera que las páginas que siguen podrían pensarse como un mero desarrollo de esas sentencias iniciales. En la cita que comentamos, el matrimonio aparece como la figura central de la gran comedia social. Es así que esta obra ha sido tildada de satírica y antirromántica aún cuando toda su acción consiste en una glosa de los percances que deben llevar al matrimonio y, por consiguiente, al acceso a la fortuna de las hermanas Bennett. Las protagonistas son unas jóvenes agraciadas pero sin renta, puesto que la ley las priva de la herencia paterna que debe pasar a un lejano pariente varón.

El matrimonio es el verdadero protagonista de la obra, regulador indiscutible de la discordia entre los sexos. Lejos de ser una tragedia -como lo será, por ejemplo, en otras grandes novelas del mismo siglo como Madame Bovary o La Regenta- la discordia se convierte en una pura comedia que se dirime como un asunto de propiedad. Al fin y al cabo la comedia es eso: un asunto sobre quién goza del falo, el que cree que lo tiene o quien hace de la propiedad un signo de la falta. En efecto, como reza la primera frase de la cita que comentamos, cuanto mayor sea la propiedad, mayor será la falta. Este será el poder que la escritora inglesa otorga a las mujeres en los albores de la emancipación de la mujer, pero al precio de convertir el amor en pura farsa. Podemos suponer a Jane Austen un saber sobre aquello de lo que se goza. Como dice Lacan en el seminario 17: “no hay más felicidad que la del falo”1.

Hay matrimonio porque hay falo, leyes de intercambio, y las relaciones sociales son un asunto de palabras con las que el falo circula de unos a otros. Es eso lo que nos dice la continuación de la cita, de una manera tan concluyente como irónica. Jane Austen hace de la falta la causa del matrimonio que se convierte, así, en un asunto de semblante.

Jacques Lacan se pregunta al final de “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” por qué el matrimonio se mantiene en el declive del patriarcado y si eso se debe al lugar trascendente al orden social que las mujeres hacen surgir2. En el momento actual, el matrimonio no parece que sea un regulador-para-todos-igual de la discordia entre los sexos, sino más bien un intento de incluir en el orden social aquello que no es, que nunca será, regulable: el goce siempre discordante de cada parlêtre. El matrimonio del siglo XXI es otra suerte de comedia, la que pone de manifiesto que cada cual se casa con su síntoma, su verdadero partenaire.

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Barcelona, 1992, p. 77.
  2. Lacan, Jacques. “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”. Escritos. RBA. Barcelona. 2006. p. 715.
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