Relato escrito en 1876, fantástico pero completamente real, como dice el autor Fiodor Dostoievski. Comienza con una gran carga dramática, un hombre delante del cuerpo sin vida de su mujer que acaba de suicidarse, habla solo. El narrador pasea febrilmente por la casa y se habla, a sí mismo y en ocasiones como ante un juez, para aclararse sobre lo que acaba de ocurrir, mientras espera que se lleven el cadáver. Intenta justificarse, pero también encontrar la verdad, por ello como el autor nos dice, hay contradicciones en su monólogo pasando de la exaltación en sus razones y principios, a la culpa.

El título ruso Kpotkaя, se ha traducido también como La sumisa, y es que la joven esposa se casa con el protagonista para salir de una extrema pobreza y en un principio acepta las firmes restricciones y condiciones que él le pone. Pero ya en la elección de esta joven, él sabía de su cólera silenciosa y fue este rasgo lo que hizo que se fijara en ella "en particular". La insumisión comienza cuando ella toma decisiones sobre el negocio (él es prestamista y así se conocieron) a favor de personas necesitadas y rápidamente él le prohíbe hacerlo, quedando resignada a hacer labores.

Sin embargo lo que más caracteriza esta relación matrimonial es el silencio, el silencio y la severidad de parte del hombre "para crear un sistema" un orden de cosas, el suyo. Y el silencio de ella que tiene diversas tonalidades: obediencia, inhibición, vergüenza, desprecio, rencor, venganza…, que él va interpretando y significando. El silencio de La dulce, es como la energía nuclear, el lector prevé que estallará. Y así sucede, un día mientras él finge dormir, ella se le acerca con un cuchillo y nuestro protagonista no se mueve ni abre los ojos, considerando con ello que será un triunfo, una prueba para ella de su valentía. La mujer cede en su impulso homicida, pero con esta cesión también se escapa la fuerza que la sostenía. Opta la mujer por una estática absoluta y pasa el tiempo, pero un día él la oye cantar bajito creyéndole ausente de la casa, "como si su voz ya no pudiera con ello" y eso le hace interpretar que lo ha olvidado. El protagonista cambia su posición y pasa a hablarle de amor, él va a ser su amante sin esperar nada a cambio, habla sin parar en un paroxismo que la asusta y aquí nuestra dulce dice algo, una verdad que tomará aprés coup su significado "y yo que pensaba que usted me dejaría así". "Y ella creía de veras que todo iba a quedar así: ella en su mesa, yo en la mía y así hasta los sesenta años. Y entonces, yo que soy su marido vuelvo ¡y su marido necesita amor! ¡Oh, que malentendido! ¡Oh, mi ceguera!".

Freud ya destacó la gran capacidad de Dostoievski para construir personajes complejos, y este prestamista es uno más de sus anti-héroes, personajes violentos y atormentados tras dejarse llevar por su pasión. En esta figura femenina que conocemos de forma indirecta a través de su marido, podemos leer una muestra de goce Otro, llevado hasta el final mortal, como forma de insumisión última: ella se separa radicalmente de aquél que no la deja así, en su silencio, arrojándose por la ventana.

Les animo a leerla.

Notas:

  1. Dostoievski, F, La dulce. Editorial Funambulista, Madrid 2015.
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