Podemos afirmar que el significante singles designa a personas que, en nuestra época, eligen vivir sin pareja. Se habla de un estilo de vida, de personas solteras que muestran incluso un “orgullo” single. Orgullo que puede además simbolizarse a través de los llamados anillos de soltería. Distintivo que parece comenzó a utilizarse en Suecia en 20051, un anillo azul que se coloca en la mano derecha o colgado en el cuello.

A diferencia de los solterones de antaño, representan valores al alza en nuestra sociedad: la libertad frente a la soledad, la independencia sin ataduras y la flexibilidad sin compromiso.

Pero ante todo representan un nicho fabuloso de mercado que se materializa en bares, discotecas, cruceros, viajes y todo tipo de productos de cuidado personal. Servicios para el cuidado de mascotas e incluso bodas unipersonales. Un mercado que mueve en España 5.000 millones de euros2 ya que se trata de un colectivo con ingresos superiores a la media.

Parece ser un fenómeno en aumento en el que tanto hombres como mujeres buscan encontrarse con otras personas en su misma condición para disfrutar de la soledad pero rodeados de afecto3. Su lema sería: solteros pero no solos.

¿Qué podemos decir sobre este nuevo fenómeno contemporáneo? De entrada, es obvio que la soltería elegida es una opción de vida como cualquier otra, que puede resultar una buena solución para muchos sujetos contemporáneos. Es una opción históricamente utilizada tanto por mujeres como por hombres, con diversas connotaciones según la época. Sin embargo, resulta curiosa la necesidad de una nominación que colectiviza, de un supuesto orgullo que busca además un entorno entre iguales.

Podemos pensar que, al igual que otros movimientos, refleja la tendencia de nuestra época a la segregación en grupos de goce que ofrecen una protección frente a lo Otro, lo diferente, lo que puede poner en cuestión la propia seguridad.

Creo que puede ser entendido como una modalidad del ‘todos iguales’ contemporáneo.

Y esto nos hace pensar en dos aspectos que estarían aquí en juego: la soledad y el amor.

Como afirmaba Vicente Palomera en una conferencia en San Sebastián4 la soledad es contraria al aislamiento que sería un modo de evitar la soledad. Se tiende a ser uno para evitar encontrarse con el otro, otro que podría desaparecer. Da miedo que el otro pueda irse. No se quieren repetir experiencias dolorosas. Esto es algo que aparece con claridad en los artículos que tratan la cuestión sobre los singles5. Muchos han vivido experiencias dolorosas que no desean repetir. Palomera afirma que la soledad implica estar con otros en compañía de eso que en nosotros no habla. Acceder de algún modo a ese imposible de comunicar e intercambiar, y por tanto a aquello que queda fuera del mercado. El yo nos impide acceder a la soledad en ese sentido. Por eso, parece que podríamos situar a los singles más en relación al yo y el aislamiento que a la soledad. La soledad real sería la que permite estar con otros.

Por otra parte, lo que queda excluido en este modo de vida es el amor. Hay afectos, amigos, sexo, pero no amor. Es también, creo, otro modo de no querer saber sobre la relación sexual que no existe ya que, aunque parece que es el propio sujeto quien acepta de entrada la inexistencia de la relación sexual, en realidad, aquello que parece una decisión del sujeto, implica un no querer saber nada, ni querer pagar precio alguno por aquello que no funciona en el ser que habla.

Notas:

  1. Equipo de redacción de la web be2. “Los singles, ¿nueva moda o estilo de vida?”. (Disponible en internet).
  2. Ibíd.
  3. Pérez, Javier. “Singles: así viven (y ligan) los solteros de mediana edad”. 2012 (Disponible en internet).
  4. Palomera, Vicente. “Cuando la soledad se hace síntoma”. 2019 (Disponible en internet).
  5. Equipo de redacción de la web Parship. “Singles”. (Disponible en internet). Agencias 20 Minutos. “Los single no disfrutan del sexo y ellas no quieren pareja”. (Disponible en internet).
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