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Odioamoramiento

«Y Herodías estaba enojada contra él y quería matarle, pero no podía» (Mc. 6:19).

I

Las pasiones del ser, ignorancia, amor y odio, tienen su particularidad, remiten a la falta en ser del sujeto y están en relación con el Otro. Las pasiones del alma, son las pasiones del parlêtre en relación a su “alma”.

Vayamos a las llamadas pasiones del ser. Por la vía de la ignorancia no se quiere saber sobre el goce por eso el deseo de saber es una producción bajo transferencia. De las otras dos pasiones se puede decir que en cierta medida el amor vela eso a lo que el odio apunta, mejor dicho da la ilusión de que la relación sexual se escribe. Así por un tiempo “la relación sexual encuentra en el ser que habla su huella y su vía de espejismo.”1

El odio “que es justo lo que más se acerca al ser, que llamo ex–sistir. Nada concentra más odio que ese decir donde se sitúa la ex–sistencia”2. Tal vez por eso el odio es el afecto que va con lo real.

Estas definiciones muestran la particular relación que puede establecerse entre el amor y el odio, relación que Freud nombró ambivalencia y Lacan odioamoramiento3. Si bien ambas remiten a la relación amor –odio no recubren el mismo campo semántico, no son sinónimos. Ni tampoco toda relación amor odio da lugar al odioamoramiento.

No es casual la escritura que nos deja Lacan. Si bien están los significantes amor odio la falta de separación en la grafía señala algo más, “el amor más grande termina en odio”. El amor en el encuentro aborda al ser pero tiene un límite. Si no lo hay se abre el camino al odioamoramiento. El odio apunta al corazón del ser, que no puede nombrarse, esperando escribirlo. Pero si el amor puede virar al odio la inversa no sucede.

Pero las pasiones no solo se dirigen al Otro, no solo lo afectan, sino que tocan el cuerpo y por esa vía afectan al sujeto. Lacan enuncia un vínculo entre el ser del sujeto y el odio: “(Más) odia, (más) es”. En el odio, el sujeto se iguala al ser del objeto a destruir. Esto señala la falta de separación que se muestra en la escritura. Falta de límite en el amor, reducción al ser del objeto en el odio destructor.

El amor introduce la castración que hace de límite y es interesante ver cómo hace cada partenaire con la falta. Se trata de la incompletud lo que acerca el amor a la posición femenina.

Cada uno debe hacer con las dos caras, si bien el amor morigera el odio, lo vela, este no tarda en aparecer en sus distintas manifestaciones. Es decir, se trata de la posición frente a la castración y con ella cada uno va haciendo.

II

Los velos de Salomé entretienen la mirada concupiscente de Herodes y no dejan ver la mano de Herodías que quiere la muerte del Bautista porque denuncia su goce. Juan está enceguecido por el goce de Herodias y no puede parar de insultarla en incendiaria diatriba. Esa voz no la deja vivir y le hace decir que la odia porque la enloquece de allí su búsqueda de hacerlo callar definitivamente. Pero el tetrarca teme al profeta.

Salomé va al encuentro de Juan que se halla prisionero con lo que sabe, que el tetrarca le teme y que dice cosas terribles de su madre. Al verlo se enamora pero este la rechaza haciendo extensivos los insultos que hacía a su madre.

Salomé le dice que desea su boca, que la deje besarlo, frente al rechazo el amor vira a la amenaza del capricho, “besaré tu boca, Juan” cabría agregar a cualquier precio. Es un amor sin límite que queda sujeto a una voluntad que no cede.

Salomé vuelve a la fiesta sabiendo lo que busca. El tetrarca le pide que baile para él , ante su reiterada negativa le promete que le dará lo que quiera. Salomé baila y al final pide la cabeza del Bautista en bandeja de plata. Obligado por su palabra el tetrarca finalmente cede viendo que la voluntad de Salomé es inamovible.

Con la cabeza en la mano Salome le dice que la rechazó siendo el único hombre que había amado, “ahora te beso, Juan y puedo hacer con tu cabeza lo que quiera…”. El espanto del tetrarca ve transformarse la virgen en lo que ocultaban los velos, en sus palabras un monstruo de odio. El tetrarca huye asustado no sin antes ordenar su muerte. Y es en el odio y no en el amor donde se iguala su destino de muerte.

 

Bibliografía

  • Wilde, O. Salomé, Valdemar, España, 2005.
  • Referencias Bíblicas:
    • Josefo, Antigüedades, XVIII, v, 1, 4.
    • Mat 14, 3-12; Mar 6, 17-29.
    • Ant XVIII, v, 2, 4.
    • Div. I, V, ii, 25.
    • Jos. Ant., XVIII, vii).
  • Flaubert, G. “Herodías”. En: Tres cuentos. Planeta. Barcelona. 2016.

Notas:

  1. Lacan, Jacques, Seminario 20, Aún, Paidós. Bs. As. p.175.
  2. Lacan, Jacques, op. cit. p.147.
  3. Lacan, Jacques, op. cit.
  • Imagen: Giovanni Andrea Ansaldo. Herodias presented with the Head of the Baptiste by Salome, 1630.
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