Concordia

“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalar con el dedo”1.

Además, la anatomía era el destino y todo parecía cuadrar.

El objeto de la Discordia

El sueño de la concordia duró poco, pues el malentendido apareció como condición del lenguaje y la anatomía resultó ser un des(a)tino, un destino que incluye el objeto “a”, un goce discordante para la relación, que no permite una relación necesaria y suficiente para ambos sexos que los haga complementarios.

Un diálogo imposible

Desde siempre los hombres y las mujeres se quejan de que no se entienden. El problema por es que cada uno goza a su manera lo cual supone un problema para el amor, que aspira al uno. Hombres y mujeres se mueven en distinto dial haciendo imposible el diálogo de un sexo con el otro. Echemos un vistazo a los personajes de La isla de la pasión2:

“Durante días, recién llegados a la isla de la Pasión donde como soldado había sido enviado Ramón, vio desolado como Alicia iba y venía con frenesí de hormiga, con agilidad de ardilla llevando y trayendo cosas.

Detente un instante, mujer - le suplicaba -. Tomemos un té de tila, que es sedante, mientras le ponemos racionalidad a este delirio.

Ella se sentaba a su lado, sudorosa, lo escuchaba inquieta y a los cinco minutos se levantaba de nuevo a vaciar baúles.

Haces y deshaces, te mueves y te agotas, pero "no piensas" - le dijo Ramón al tercer día de verla ajetrearse sin parar ni para comer ni para dormir.

Y tú, piensas y dices, indicas y ordenas, pero "no haces" - le respondió ella, y así inauguraron una discusión que habrían de repetir cientos de veces, palabra más, palabra menos, durante los años que convivieron en la isla".

Freud, en el Malestar en la cultura, nos advierte que el trastorno de la relación entre los sexos en el nivel del amor es esencial, es el síntoma generalizado.

Y Lacan en Televisión expresa este impasse sexual como "la maldición sobre el sexo", cuya traducción en términos lógicos es lo imposible, esto es, lo que no cesa de no escribirse; es imposible que los sexos hagan relación en los seres sometidos al lenguaje.

Es imposible y no una maldición. Aunque maldición e imposible tienen en común que algo escapa al alcance del sujeto, el goce3. Este límite estructural, Freud lo ubicó con la represión primaria, dando cuenta del malestar en la cultura y no del malestar de la cultura.

Un Nuevo Amor

En Televisión, Lacan dice que el discurso analítico promete introducir algo nuevo en el amor4. El amor de transferencia pone en juego "el callejón sin salida de lo sexual que segrega las ficciones que racionalizan el imposible del que provienen". "Yo leo allí -dice Lacan- como Freud- la invitación a lo real que a ello concierne"5. Lo nuevo en el amor será la producción del objeto (a) que permitiría pensar de otra manera la relación entre los sexos.

“Hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos” declara uno de los personajes de "Ensayos sobre la ceguera". Tal vez el deseo más profundo del ser humano sea poder darse así mismo, un día, el nombre que le falta"6.

Notas:

  1.  García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad, Alfaguara, Madrid, 2007, p. 9.
  2.  Restrepo, Laura, La isla de la pasión. Alfaguara, Madrid, 2005, p. 82.
  3.  Soler, Colette, La maldición sobre el sexo, Manantial, Buenos Aires, 2000, p. 12.
  4.  Lacan, Jacques, “Televisión”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, p. 558.
  5.  Ibíd., p. 556.
  6.  Saramago, José, Ensayo sobre la ceguera, Alfaguara, Madrid, 1996, p. 314.
Comparte / Imprime este artículo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Print this page
Print
Email this to someone
email