En el Seminario 18 Lacan dice que lo que define al hombre es su relación a la mujer y a la inversa, es relación de palabra, semblante pues que se vehicula en un discurso. Para ambos el falo es lo deseado y lo que les castra, J-A Miller señala que “se trata de un semblante cuya función del lado del hombre consiste en proteger el tener y del lado mujer enmascarar la falta en tener; en ambos casos debe cumplir la proyección de la relación sexual en la comedia”1. En el hombre el falo, aunque es un semblante, da la medida de su ser viril. No es así en la mujer que aunque participa del goce fálico no está toda allí, hay una falla a nivel simbólico, falta el significante universal “La” mujer, hay un lugar vacío, una nada. Es lo que Lacan formula No hay relación sexual, porque falta un término y en el lugar de la proporción que no hay cada uno inventa un semblante para vehicular su modo de goce. En “Introducción a la Clínica Lacaniana” Miller define el semblante como “lo que tiene por función velar la nada, hacer creer que esconde la nada, es máscara de nada”2. Hay diferentes formas de ocupar ese lugar, esa nada, son semblantes que velan/desvelan la marca singular de cada mujer y hacen posible el encuentro con un hombre. Los semblantes cambian con la época, hoy se presentan algo diferentes que en el pasado. Si en el pasado ser pudorosa era casi un atributo femenino hoy el pudor no es un velo frecuente de la castración ni el ser débil, tampoco lo es la religión, y el amor y el matrimonio van decayendo como semblantes. La histeria ha modificado sus máscaras en los últimos tiempos y los semblantes que imperan hoy están más del lado de la mujer sin falla, la mujer que tiene y no le falta nada, perfecta en el trabajo, perfecta como madre, en la familia, perfecta con su marido al que desfaliciza y pasa a ser otro hijo para ella. A ese hombre ella no logra tomarlo como relevo y no se acerca a la posición femenina, a algo de la experiencia del Otro goce. Junto a este semblante se presenta hoy con fuerza, una radicalización del mismo en la maniobra por evitar la castración, mantenerla lejos y así se presentan mujeres poderosas que tienen y usan el poder, mujeres que tienen hijos solas sin pasar por la sexualidad con ayuda de la ciencia, que rechazan el amor. Estos semblantes parecen corresponder a la mujer fálica que J-A Miller designa como mujer con postizo.”El postizo no es velo que esconde la nada, el postizo es hacer creer que hay algo detrás. Responde a la falta en tener”3.

“La mujer lacaniana, complaciente en este juego, no es la mujer con postizo, quien quiere que se crea en ella. La mujer con postizo busca la solución a la sexuación femenina del lado del tener, o sea, es la mujer que teme la castración, sobre todo la suya”4.

Semblantes, máscaras, postizos son parte de la discordia entre los sexos.

Notas:

  1.  Miller, J-A. De la naturaleza de los semblantes, Ed. Paidós, 2002, p.148.
  2.  Miller, J-A. Introducción a la clínica lacaniana, Ed. RBA, 2006, p. 285.
  3.  Miller, J-A. De la naturaleza de los semblantes, Ed. Paidós, 2002, p. 157.
  4.  Ibid., pág 168.

Referencias bibliográficas:

  1. Lacan, J. El Seminario libro XVIII. Ed. Paidòs
  2. Lacan, J. El Seminario libro XX. Ed. Paidòs.
Comparte / Imprime este artículo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Print this page
Print
Email this to someone
email