En la “Nota sobre el niño” Lacan organiza la relación entre el niño y la pareja parental alrededor del síntoma.

La “Nota…” es una enseñanza de Lacan sobre el niño abordado a través de la lógica del fantasma, especialmente el fantasma materno, y comienza por una reflexión sobre el estado de la familia en ese momento, 1969. Aquí el discurso de Lacan no es mítico –no figura el Complejo de Edipo-, sino funcional: sitúa las funciones del padre y de la madre, en un momento de fracaso de los ideales de la familia: “la función de residuo que sostiene la familia”1, dice Lacan. Es un momento donde prevalece la articulación entre los lugares. No es el momento de la no-relación de la última enseñanza.

El síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. El síntoma entonces se define como “representante de la verdad”2. Hay 2 grandes clases de síntomas:

  1. Los que están relacionados con la pareja, el síntoma del niño es más complejo pero también más abierto a intervenciones del analista. Aquí el niño está articulado con la metáfora paterna.
  2. Cuando el síntoma depende de la subjetividad de la madre, el correlativo del fantasma de la madre. Es más simple pero es un síntoma que bloquea y difícil de movilizarlo mediante lo simbólico.

Ahora, en el S. XXI, con el avance de la ciencia respecto a la procreación hay un nuevo estatuto del niño diferente al que ocupaba en la familia patriarcal, aparecen numerosos tipos de familias y de filiaciones. Hoy se habla de “parentalidad” para hacer referencia a toda clase de familias, para no hablar de padres.

Hoy la familia gira socialmente alrededor del niño, da su estatuto jurídico a los padres, siendo indiferente cuál sea la relación conyugal entre ellos, ya no se puede soñar con un lazo familiar “natural”. Ahora el niño tiene la carga de construir la familia, ya que instaura la distribución de los nombres del padre y la madre.

El niño satura la falta de la madre, su deseo, es el tapón que impide percibir el agujero en el Otro. “El síntoma somático le da el máximo de garantía a este desconocimiento”3 porque: alimenta la culpabilidad en la madre neurótica, sirve de fetiche en la perversa (el amor materno sería la perversión en la mujer) y en la madre psicótica encarna un rechazo primordial.

La cuestión subjetiva queda reducida a un trastorno somático (hiperactividad, déficit de atención…), efecto que hay que respetar, si no lo que retorna es el odio.

El niño es el objeto a, ya no se constituye a partir de la metáfora paterna sino que es el objeto de goce no solo de la madre, sino también de la familia e incluso de la civilización4.

Podemos ver estas diferentes posiciones a través del cine. Por ejemplo en la película “El niño” de los hermanos Dardenne. Trata de una pareja de adolescentes que viven del subsidio de ella y de los trapicheos de él. Ella se queda embarazada y al nacer el niño se cuestiona si él podrá con la paternidad. El chico convierte ese objeto real que es el niño en un objeto más de intercambio, al quererlo vender.

O la asfixiante relación madre/hijo en la película de Xavier Dolan: “Mommy”, entre una frágil madre viuda y un adolescente violento, incapaces ambos de separarse.

“Quién te cantará”, la última película de Carlos Vermut da cuenta del estrago materno que sufre Lila, la protagonista, lo que le imposibilita seguir con su carrera de cantante; y a la par del estrago que padece Violeta por parte de su propia hija, una adolescente que somete a su madre bajo el chantaje de mutilarse o matarse.

Se trata hoy para el psicoanálisis de interrogar lo real en juego en el nacimiento del niño, a distancia del ideal, es decir interrogar el deseo o el goce del que fue producto.

Notas:

  1. Lacan, J.: “Nota sobre el niño”. Otros Escritos. Ed. Paidós, 2012, p. 393.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd., p.394
  4. Laurent, E., El niño y su familia. Col. Diva, 2018.
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