“I asked her if she was resolved to disturb me every evening. I disturb you? she said. I felt her eyes on me […] I thought we were easy, she said. You disturb me, I said, I can’t stretch out with you there […] The mistake one makes is to speak to people […] What goes by the name of love is banishment, with now and then a postcard from the homeland”1.

“Le pregunté si estaba decidida a perturbarme cada tarde. ¿Te perturbo? Preguntó. Sentí sus ojos en mí […] Pensé que éramos fáciles, dijo. Me perturbas, dije […] El error que cometemos es que hablamos a la gente […] Lo que se conoce con el nombre de amor es el destierro, con una postal, que nos llega de tanto en tanto, desde nuestra tierra natal”

Samuel Beckett, First Love.

En su novela corta First Love Samuel Beckett narra, con el genial estilo que lo caracteriza, la historia de un encuentro amoroso en el banco de un parque. Sin rodeos, nos dice que el error que cometemos es hablar con la gente. De ahí, los embrollos en los que nos metemos. Hablar, enreda las situaciones, las lleva al límite, aunque también puede ponerles un límite. Es por la palabra por la que, en esta obra, los personajes de Beckett se enamoran y, al final, se separan. La palabra da lugar al encuentro de los cuerpos pero no al de los goces en esos cuerpos. Palabra y goce quedan, pues, disyuntos. El recurso del lenguaje tiene, así, dos caras: la que ordena y la que enreda o arruina. Sin embargo, ambas señalarán la imposibilidad de relación entre el goce y la palabra a la que recién aludí. A su vez, algo a lo que Beckett apunta –no solo aquí sino en toda su obra–, hace un trazo entre estos dos terrenos heterogéneos, a saber, la letra. Es a lo que Lacan alude en Lituratierra cuando lo nombra2.

En la cita de First Love que comento, el personaje se siente perturbado por la palabra de la mujer. Sus vidas empiezan a complicarse, los cuerpos a encontrarse, el amor a cubrir aquello que hace signo de que no existe proporción posible, de que no hay la más mínima posibilidad de que el goce se relacione con la palabra. Así, la perturbación que puede hacer la palabra en el cuerpo de un hombre y una mujer, por un lado y el amor como velo y destierro, por el otro, son en realidad, los protagonistas de este relato. Beckett nos muestra aquí –a través de lo que nombra como el “error” de hablar– lo que dirá de diversas maneras, y en otros momentos de su obra, en relación a la palabra, el malentendido y el absurdo que su uso conlleva.

Es respecto a este uso que Jacques-Alain Miller alude al mito de Adán y Eva para señalar que la mujer, acompañada de la serpiente, “[es] la que comienza a servirse de la palabra […] de un modo que nada tiene de bien pautado, de bien ajustado a la relación. Adán dio nombres, formó su pequeño ejército animal, pero Eva se aboca a servirse de la palabra a tontas y a locas al juntarse con la serpiente”3. Por su parte, Samuel Beckett narra, en este relato corto, la manera en que no solo la mujer sino dos seres hablantes se sirven de la palabra y se sienten interpelados. El amor nace y vela el desencuentro, la discordia entre los sexos. A su vez, el amor es cuestionado y puede disolverse en esta misma discordia.

Así, pues, hablamos, nos callamos. Volvemos a hablar. Rondamos siempre el mismo espacio, el agujero de la sexualidad, lo traumático de un lugar del que fuimos expulsados y al que jamás podremos volver. Para hacer con ese destierro, los seres hablantes nos podemos servir del amor, de la palabra, de la palabra de amor como velo –¿cómo hacer, pues, para “que el amor sea más digno que la abundancia de parloteo, que constituye hoy día –sicut palea”?4 -Podemos servirnos del registro de la letra más acorde a cada uno para tratar el exilio de la tierra de la relación sexual, lo troumatique y lo que él deja de litter, basura, desecho.

Litura-tierra, la letra traza algo de ese exilio y se convierte, así, tanto en el agujero como en el tratamiento mismo de ese agujero. Exiliados de la relación sexual, los seres hablantes respondemos de múltiples formas a la huella que este exilio deja, huellas que, como indica J-A. Miller, son síntoma y afecto: “la no relación sexual es el acontecimiento lacaniano en el sentido del trauma, ese que deja huellas en cada uno –no como sujeto sino como hablante–, en el cuerpo, huellas que son síntoma y afecto. Y es lo que permite a Lacan definir el amor como el encuentro con todo lo que marca en cada uno, en un cuerpo, la huella de su exilio de la relación sexual”5.

Es la enseñanza de Samuel Beckett en esta novela corta escrita en 1946: que el amor es un nombre del destierro y que, de vez en cuando, recibimos una carta, una letra, que viene de allá, de lo irreductible de nuestra tierra natal, que no es lenguaje ni saber, sino, quizás, lo que hay, entrelíneas.

Notas:

  1. Beckett, Samuel, First Love and Other Novellas, Pinguin Books, Inglaterra, 2000, p. 70. “Le pregunté si estaba decidida a perturbarme cada tarde. ¿Te perturbo? Preguntó. Sentí sus ojos en mí […] Pensé que éramos fáciles, dijo. Me perturbas, dije […] El error que cometemos es que hablamos a la gente […] Lo que se conoce con el nombre de amor es el destierro, con una postal, que nos llega de tanto en tanto, de nuestra tierra natal” (la traducción es mía).
  2. “Confesarlo [l'avouer] o, pronunciado a la antigua, el haber [l'avoir] que Beckett contrapone al debe que hace desecho de nuestro ser salva el honor de la literatura y me libera del privilegio que creería tener por mi posición. La cuestión es saber si aquello de lo que los manuales parece hacer alarde, a saber que la literatura sea acomodación de los restos, es asunto de colocación en lo escrito de lo que primer será canto, mito hablado, procesión dramática”. Lacan, Jacques, “Lituratierra”, Otros escritos, Paidós, BsAs, 2012, p. 20. (Véase, también: Sollers, Phillipe, L'écriture et l'expériece des limits, Seuil, Paris. 2007).
  3. Miller, Jacques-Alain, El lugar y el lazo, Paidós, BsAs, 2013, p. 275.
  4. Lacan, Jacques, “Nota italiana”, Otros escritos. Paidós, BsAs, 2012, p. 331.
  5. Miller, Jacques-Alain, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, BsAs, 2004, p. 386.
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