El Príncipe Apasionado y la Princesa del guisante

“Por primera - aunque no por última – vez sentí de manera consciente que los hombres eran de una especie distinta a la mía. Distinta y extraña. Era como si una membrana invisible hubiera caído entre mi amante y yo, una lo suficientemente fina para ser penetrada por el deseo, pero lo suficientemente opaca para ocultar la hermandad entre los seres humanos. La persona que había al otro lado de la membrana me parecía tan irreal como yo, suponía, debía de parecerle a él”

La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick.

Vivan Gornick es una periodista, escritora y activista estadounidense considerada una de las voces más destacadas del movimiento feminista de los años 70.

En Apegos feroces va desgranando recuerdos de las diferentes mujeres que marcaron su vida, de sus modelos femeninos, su madre, mujer muy inteligente, dedicada al amor conyugal como centro de su existencia y Nettie, una joven vecina apasionada y dependiente, solo segura de su sensualidad como poder frente a los hombres.

En sus memorias retrata, a través de los paseos con su madre por Manhattan, recuerdos, reproches y amor, y da cuenta del estrago materno y de la fascinación que, aún ya siendo una mujer madura, le ata a una madre ya anciana.

Dirá de ésta que había elevado el amor “a la categoría de santo grial”1 lo que respondía a la creencia “en un ser misterioso e inmutable”2. Toda dimensión del ser se produce en la corriente del discurso del amo y Vivian toma esas palabras maternas como mandamientos, como “venidas desde la cumbre del Sinaí”3.

“Encontrar el amor –para su madre- no era solo tener felicidad sexual, era alcanzar un lugar en el universo”4.

El sujeto debe dar un rodeo por el amor, que suple la relación sexual inexistente, para encontrar su partenaire. Pero para Vivian “Agravando nuestras disputas, estimulando nuestra angustia y agrandando nuestra confusión estaba el sexo”5.

En su intento por definir a la mujer, las separa entre “estrellas o groupies”. Por “groupies” entiende las mujeres que flotaban en torno a la órbita de los hombres corrientes con los que se habían casado y a los que seguían unidas. “Estrellas” se refería al resto, las que se sublevaban contra el destino impuesto, sin “procurarnos un matrimonio decente ni apartarnos totalmente de él”6.

Para ella “todo estaba ahí… las relaciones entre los sexos como nunca más las vería”.

Treinta años después de Apegos feroces, en La mujer singular y la ciudad, escribe: “A nadie le sorprende más que a mí que haya resultado ser quien soy.” Alguien no interesado en la maternidad ni el matrimonio, pero siempre a la espera del Príncipe Apasionado, que cuando la viniera a buscar “la vida adaptaría una forma definitiva, era la palabra clave PA”. Antes de los 35 ya había estado casada, por poco tiempo, en dos ocasiones, “y en los dos, una mujer que no conocía (yo) se había casado con un hombre que tampoco conocía (el muñequito de la tarta de bodas)”7.

Esta mujer singular, inspirada en Rhoda, del libro de Georges Gissing de 1893, Mujeres sin pareja, se encuentra con esa membrana fina y opaca que la separa y une a la vez a su partenaire, amuro en el que está lo real en tanto lo imposible de alcanzar.

Es entonces cuando dice comprender el cuento de hadas de la princesa y el guisante. “Ella no buscaba al príncipe, buscaba el guisante. Ese momento en que nota el guisante bajo los veinte colchones es su momento definitorio. Es el auténtico sentido de su viaje, por lo que ha llegado tan lejos, lo que ha venido a corroborar la patológica insatisfacción que le impedirá vivir la vida plenamente”8.

El goce femenino, en tanto goce otro, goce de la mujer que no existe, del que “nada sabe ella misma, a no ser que lo siente”9 quizás para Vivian “…era como el guisante debajo de los veinte colchones: no podía acostumbrarme a ese escozor en el alma”.

Notas:

  1.  V. Gornick, La mujer singular y la ciudad, Ed. Sexto Piso, Madrid, 2018, p.42.
  2.  V. Gornick, Apegos feroces, Ed. Sexto Piso, Madrid, 8ºed, Madrid, 2018, p.107.
  3.  Ibid., p.32.
  4.  V. Gornick, La mujer singular y la ciudad, op.cit. p.42.
  5.  V. Gornick, Apegos feroces, op. cit. p.108.
  6.  Ibid., p. 125.
  7.  V. Gornick, La mujer singular y la ciudad, op. cit. p. 26.
  8.  Ibid., p.47.
  9.  J. Lacan, Seminario 20 Aun, Ed. Paidós, 1981, Bs. As. p.90.
Comparte / Imprime este artículo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Print this page
Print
Email this to someone
email