A la luna de Valencia

No se trata de una edificación como la “Lonja de la Seda”, no obstante el modismo “a la luna de Valencia” es también una construcción renacentista, pero construida en la piedra de la lengua. Es un “neologismo” logrado, neologismo que surge en el siglo XV en relación a la prospera ciudad de Valencia, y se convierte en un significante de uso común en lengua castellana. La locución de “a la luna de Valencia” la encontramos por ejemplo en Julio Cortázar: “hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias” (Rayuela 1963), es decir que se utiliza y se entiende bien en el común de los hispano-hablantes.

No se trata de un localismo, tanto es así que esta expresión, parece en opinión de los expertos en el tema, no nació en la lengua catalana de la ciudad, pero sí –sin duda- remite a una gesta insigne que debió producirse por aquél entonces en Valencia y se extendió rápidamente por toda Europa. Digamos que se produjo una novedad, algo que tocó de manera singular un real en juego en aquel momento. Hay intentos de explicar –por analogía- esta expresión: por ejemplo el quedar fuera de las murallas de la ciudad y pasar la noche al raso, a la luna de Valencia, pero –como bien indican algunos historiadores- esta situación se producía en muchas otras ciudades generalmente amuralladas y con toque de queda, es decir con cierre de las puertas y dejando fuera a gentes que pasarían la noche también al raso. ¿Qué hace signo en la Valencia del siglo XV? ¿Qué novedad renacentista emergió de manera tan singular y primera en la ciudad que la volvió insigne?

Por qué no decir, como así lo indican y es un acuerdo común de los historiadores, que fue en Valencia donde se creó la primera institución psiquiátrica del mundo, es decir se inventó un lugar, que como sabemos siempre se trata de un lugar en el Otro, un lugar donde se acoge a los que han perdido la razón y no obstante se les empieza a reconocer como hombres. La iniciativa vino de un religioso (Fray Jofré) pero la dirección, construcción y sostenimiento no dependerá ni de la iglesia ni de la nobleza, sino de la sociedad civil (artesanos y comerciantes). Como decíamos no se trata de un localismo, se refiere a la invención de un “lugar”, no tanto en el espacio físico de aquella Valencia sino referido al “logos” de la época, por esto trasciende y alcanza al cristal de la lengua. La luna de Valencia significa, nombrar el lugar del “no-lugar” (utopía) entre los hombres de la naciente burguesía europea. Este hecho insigne como bien comenta nuestra colega Mimi Bayarri, ocurrió muy pronto en 1410, debido en buena parte a la prosperidad de la ciudad que era gobernada por la pujante sociedad civil, forma de gobierno que era también una novedad histórica. La luna de Valencia, como fósil lingüístico, conmemora la invención de un lugar civil y laico para el no-lugar, para aquellos que quedan fuera del “amparo” de la burguesía naciente.

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