Un asunto de tinieblas

El testimonio de la princesa Mari Bonaparte da cuenta de su obstinada decisión al querer encontrar en lo real del cuerpo la respuesta a su frigidez. Culta y rica, no supo frenar la extravagancia de querer unir clítoris y vagina movida por una importante desorientación, desorientación que por otro lado comparte con el resto de los seres hablantes. Lo que de ella sabemos son algunas de sus excentricidades y su decisión de poner a Freud a salvo de la crueldad nazi. Freud supo acoger la deriva de esta mujer aunque no logró frenar la determinación de pasar por el bisturí en repetidas ocasiones y en una época cuyos semblantes no sintonizaban como los actuales en el empuje a manipular el cuerpo. Si fuera coetánea le podríamos solicitar su opinión sobre la última iniciativa de la marca Control, Fingering Stories, el primer sex trainer de Instagram. Según la campaña, se trata de dar visibilidad al orgasmo femenino al que califican de gran desconocido, enseñando qué y cómo tocar del cuerpo, porque según dicen, no es tan natural como parece. Ignoro si la promoción incluye el enredo sobre la satisfacción clitoridiana y/o vaginal, sea como sea, por más promoción que tenga el orgasmo, no podrá decir lo que es una mujer. Para Lacan es trivial esta controversia que en nada orienta la cuestión de fondo ya que: “la naturaleza del orgasmo vaginal conserva su tiniebla inviolada”1 este es el asunto, cómo orientarnos con esta escasez de luz.

La articulación de los goces en la comedia entre los sexos es siempre laberíntica y sujeta al régimen del falo, no hay dos del sexo y para ambos el gran escollo es que la mujer no existe, hay que inventarla. Esta comedia enseña que las mujeres hacen desear, lo promueven. Ellos, tentados por ellas, deben dar muestras de su deseo, de ahí que la impotencia sea bastante peor tolerada que la frigidez. Así pues las mujeres son una tentación pero, discordia en acción, también pueden ser un síntoma para el hombre. El problema fundamental para ellas es que el acento está puesto en la mascarada, en el empleo para ser el falo que pone a distancia lo esencial de su feminidad, ellas trabajan para ser deseadas y amadas, dependientes del signo de amor pagan el precio de quedar ajenas de su propio deseo. Lacan indica que la frigidez se puede movilizar en el análisis cuando la castración simbólica entra en juego en la transferencia, señalando así el impasse de la mascarada.

Nos orientamos para no quedar ni demasiado deslumbrados ni del todo a oscuras, sino a la luz del psicoanálisis, para con ella proyectar algo de luz en este asunto de tinieblas al que Lacan nos conduce con rigor pues se trata del goce femenino que está más allá del falo y del que nada dicen las mujeres, balizando con el desarrollo de su conceptualización lo que escapa a la palabra, a la lógica fálica.

Para el analista, hombre o mujer, se trata de alcanzar este indecible y trasmitirlo tras una operación reducción que logre demostrar su imposibilidad lógica, arribando el hay Uno, hay goce. En este trayecto descubrirá cómo se embrolló haciendo creer que hay allí donde no hay, esto le permitirá hacer un mejor uso de los semblantes, lo que puede significar para alegría del que allí llegó, padecer menos y disfrutar más. Sin duda una buena fórmula para vestirse en la comedia del malentendido, algo de lo que disfrutamos mucho en la Escuela cuando se celebran las presentaciones del pase.

Notas:

  1. Lacan, Jacques, “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”, Escritos 2, siglo XXI, p. 706.
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