“Siempre nos engañamos dos veces respecto de las personas que amamos, primero a su favor, luego en su contra”.

La muerte feliz, A. Camus.

El amor tiene esencia de engaño

Esta frase de Camus, está en sintonía con el término de Lacan que vamos a comentar. Para empezar, saca al engaño de la dimensión especular, y de las malas intensiones del otro. Es el enamorado el que se engaña, es el enamoramiento el que produce sendos efectos…

Luego, en el enamoramiento donde el engaño se produce, hace dos escansiones: el “a favor” y el “en contra”. De este modo nos advierte que hay dos afectos, opuestos, que sin embargo harían parte de lo mismo. Freud utiliza el término ambivalencia para señalar este movimiento de afectos vinculados al objeto de amor.

En su vertiente imaginaria, el amor consigue engañar a la castración, que sin embargo está en el centro: por un momento, el amor hace que nos veamos a los ojos del otro a imagen y semejanza del yo ideal. El espejismo del amor consigue dos cosas a la vez, igualar el yo al yo ideal anulando la dimensión de la falta (imaginaria) y ocultar la dimensión del objeto detrás del velo i(a).

Lacan afirma que "el amor siempre es recíproco"1, esta reciprocidad es propia de la estructura del amor, a la vez que esconde algo: “Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas". Pero, nada asegura que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro2, no se puede calcular por anticipado. En tanto que espejismo especular, el amor tiene esencia de engaño.

En su texto Ironía, Miller lleva la dimensión del engaño a la necesidad: “Hay, también, el Otro en la neurosis, salvo que allí, la mejor prueba de que no es real es que es necesario hacerlo existir, por ejemplo, en el amante”. Y hace un paralelo entre la relación con el amante y la instalación de la transferencia en la experiencia analítica: se trata de hacer existir al Otro y, eso, a fin de poderle remitir la carga de la consistencia lógica del objeto a.

Se trata también ahí, al igual que en el amor, de hacer existir al Otro para remitirle el objeto a y hacer de este objeto la causa del deseo. Dice Miller: “La remisión al Otro del objeto lo hace, a la vez, a este objeto, perdido, e instala en el corazón de la neurosis la demanda –ya sea demandar al Otro el objeto que contiene o hacerse demandar por el Otro el pago de la deuda que se le debe-“.

El Otro de la neurosis demanda, a menos que el sujeto se justifique. La demanda (para el neurótico) tiene función de objeto en su fantasma.

Podemos preguntarnos ¿En qué momento el amor vira al odio? Cuando el espejo se mueve y deja al desnudo la ficción que permitía vernos en el lugar del ideal. Es cuando la demanda ya no nos devuelve la imagen que nos haría amables para el otro, entonces el objeto se revela, pasando al centro de la escena. Así, el otro que era objeto de amor, se vuelve objeto de odio.

La problemática del goce

Lacan, dice que hay algo “bastardo” en el concepto3 freudiano de ambivalencia y en su lugar propone el término “odioenamoramiento”. Lacan hace una contracción entre enamoramiento y odio. En francés se puede escuchar “odio” en la palabra enamoramiento, la partícula “hain” suena como odio: “L’hainamoration”, equivocando enamoramiento y odio en un mismo significante.

Con esta nueva nominación apunta a lo real en juego en el fenómeno del amor, e introduce la problemática del goce. En el seminario XX Lacan dice: “No somos más que uno. Cada cual sabe, desde luego, que nunca ha ocurrido que dos no sean más que uno, pero, en fin, no somos más que uno. De allí parte la idea del amor”4. Nos advierte, que el amor, nunca saca a nadie de sí mismo. Y dice que ese Uno es de la misma naturaleza que ese espejismo del Uno que se cree ser.

Entonces, cuando se produce, es el “milagro” del amor el que hace posible contar, -contarse el cuento-, de que 1+1= 1, o 2=1… Podemos decir entonces que en el enamoramiento se ponen en juego de modo particular el Uno del goce (que nunca saca a nadie de sí mismo, pero ¡lo hace parecer!…), articulado al el espejismo de lo que uno se cree ser.

Lacan la ubica esto que aparece en la discordia entre los sexos, en las vicisitudes de la vida amorosa como pasión primordial5, nombrándola así, con una misma palabra, en el núcleo constitutivo del ser hablante: la realidad psíquica se inscribe a partir de un rechazo, es decir del encuentro con el goce y una primera respuesta que instituye al sujeto.

La afirmación primaria, que inaugura la dimensión simbólica es correlativa del rechazo del goce. Esta operación despliega una dimensión que es más compleja que el adentro/ afuera, incluye un agujero central, como correlato de la pérdida que se inscribe la dimensión simbólica y una “exclusión interna” del goce, que será captado siempre como discontinuidad para el yo. La dimensión del goce será éxtima al sujeto, constituye ese “si mismo” del que nunca se sale, pero como veremos, el amor ahí tiene una incidencia fundamental.

En el Seminario Aún, Lacan ya no pone en primer plano el hecho del lenguaje ni la función del Otro sino el hecho del goce y en correspondencia con el sexto paradigma del goce -el de la no relación-. Para el ser hablante no hay complementariedad entre los sexos y es en esta hiancia donde el amor juega su papel de velo a la vez que supone un modo de tratamiento del goce.

Entonces afirma que el amor es lo que suple a la relación sexual que no existe y señala que el saber sobre este amor es lo que genera el odio6. El amor es una vía que se ofrece a la pulsión, para que su vuelta vaya un poco más allá que el autoerotismo. Es el modo de entrar en el lazo con el otro.

Desde esta perspectiva, podemos entender que cuando “el milagro” del amor deja al descubierto su estructura de ficción, lo que el parlêtre se encuentra es con su propio goce, que se manifiesta en forma de odio al partenaire que hasta entonces había velado esta dimensión (sosteniendo el espejismo que lo hacía amable a la mirada del otro).

Podemos atrapar aquí algo que la ambivalencia freudiana pasa por alto; más allá de la herida narcisista que produciría el viraje del amor en odio, hay en ese odio algo más: la posición del sujeto en relación a su propio goce. Un rechazo que implica también más allá del goce “que hay”, el agujero, ya que breva de la disyunción de los tres registros. El odioenamoramiento, pasión primordial, fundante del ser hablante, se actualiza en el lazo amoroso con el partenaire, en lo que ese lazo tiene de sintomático.

Entonces el odio, un engaño, aun

Con Camus podemos pensar que aun el odio que se dirige al antes amado hace parte de un engaño ¿qué tendría de engaño este el odio al partenaire? Si el Otro no existe7, lo que existe está a nivel del cuerpo, es el síntoma y viene al lugar del Otro que no existe. Otorgarle un cuerpo al Otro es implicarlo en el goce. Las pulsiones son parciales, la relación al Otro es por vía del amor8. Ya no se trata de los afectos amor/odio sino también de la dimensión del goce que se pone en juego en el partenaire “síntoma”. El partenaire es un semblante cuyo real es el síntoma9 y el amor es la función que proyecta el síntoma en el afuera.

En Aun Lacan nos advierte que el goce fálico no es el instrumento de la cópula que trasladaría el goce de uno al otro, porque centrarse en el goce fálico: es un modo de goce del propio cuerpo (el falo objeta la relación sexual), entonces decir “partenaire síntoma” es un modo de incluir al Otro en el tema del goce. Pero este goce que se refiere al otro no es un goce fálico sino un goce sintomático.

El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable10. Eso que el amor hace soportable cuando se produce, es lo que se nos muestra insoportable cuando cae.

El término extimidad, de Miller nos ayuda a situar algo de esa “nuestra verdad”, que el amor vela haciéndola soportable: nuestro goce. Es este goce rechazado y reprimido el que trata el amor y es este goce que se denota como odio y recae sobre el partenaire cuando el amor pierde su magia.

El odio como chance

El psicoanálisis advierte que ese odio al otro es un tratamiento del odio a sí mismo. El sujeto padece y rechaza su propio síntoma, síntoma que porta su modo de gozar.

Aquí encontramos que el amor y el odio no son simétricos, el amor supone un engaño plácido en cambio el odio puede contrariar la tercera de las pasiones del ser, la ignorancia.

Aun hará falta que el sujeto pueda interrogarse por ello ya que aparece bajo la forma del odio, cuya causa se imputa al partenaire. Un paso más, bajo el paraguas de otro amor, ficticio pero no menos real, el de la transferencia, podría permitir hacerse cargo de la parte del propio goce concernido en el odio al otro.

Notas:

  1. J. Lacan, Seminario Aun, Buenos Aires, 1991, Paidos, p.14.
  2. Entrevista JAM sobre el amor, Publicado en la Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278. (Disponible online).
  3. J. Lacan, Seminario Aun, Buenos Aires, 1991, Paidós, p.110.
  4. J. Lacan, Seminario Aun, Buenos Aires, 1991, Paidós, p. 60-61.
  5. J. Lacan, Seminario "R.S.I.", Inédito, Clase 15.
  6. J. Lacan, Seminario Aun, Buenos Aires, 1991, Paidós, p.159.
  7. J. Alain Miller, Curso El partenaire síntoma, Buenos Aires, 2008, Paidós, p. 235-6.
  8. Ídem., p. 275.
  9. Miller, J.-A., "Problemas de pareja, cinco modelos" (2001), en AA. V.V., La pareja y el amor, Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 4.
  10. Entrevista a JAM Publicado en la Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278. (Disponible online).
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