Lacan no vacila en escribir odioamoramiento como el relieve que el psicoanálisis supo introducir para situar la zona de su experiencia: (…) “La cuestión del amor se liga a la del saber.  (…) Y aquí el análisis nos incita a recordar que no se conoce amor sin odio.”1. Si se retoma la función del saber: “¿No será porque, en él, no se ha puesto al odio en su lugar?”2.

Para hablar de amor, poner al odio en su lugar. Aunque como Lacan dice no es lo más deseable de evocar, lo cierto es que el neologismo lo incluye.

El nuevo paradigma que inaugura el Seminario Aún (1972-1973) y que refleja el nuevo esquema de Real-Simbólico- Imaginario  al comienzo del capítulo “El saber y la verdad”3, nos da la medida de la compleja construcción epistémica que ha alcanzado la primera figura del diamante, diedro de seis caras, de veinte años antes, del Seminario Los Escritos Técnicos de Freud (1953-1954)4, para ilustrar precisamente los tres registros en relación al odio, al amor, a la ignorancia: 

“La tripartición de lo simbólico, lo imaginario y lo real – categorías elementales sin las cuales nada podemos distinguir de nuestra experiencia – se sitúa en la dimensión del ser”5.

En la dimensión del ser y no en la de lo real, se inscriben las tres pasiones fundamentales: (…) en la unión entre lo simbólico y lo imaginario, esa arista que se llama el amor; en la unión entre los imaginario y lo real, el odio; en la unión entre lo real y lo imaginario, la ignorancia”6.

En esas aristas pasionales, el amor de quien desea ser amado, es esencialmente una tentativa de capturar al otro en sí mismo como objeto. Por el contrario, la dimensión imaginaria del odio es la tentativa de destrucción del otro: “[…] Si el amor aspira al desarrollo del ser del otro, el odio aspira a lo contrario: a su envilecimiento, su pérdida, su desviación, su delirio, su delirio, su negación total, su subversión”7.

El odio persigue a su víctima más allá de su muerte8.

Sobre el sujeto del odio Lacan añade que: “Estamos tan sofocados por esto del odio que nadie se percata que un odio, un odio consistente, es algo que se dirige al ser, al ser mismo de alguien que no tiene porqué ser Dios “9.

No está excluido que el ser como tal provoque el odio. Y si hay algo que fundamenta al ser, es ciertamente, el cuerpo.

Por esta razón, cobra sentido el equívoco de Lacan, entre il hait e il est, odia y es. 

Así: (…) “Mientras más se preste el hombre a que la mujer lo confunda con Dios, o sea, con lo que ella goza, menos odia (hait), menos es (est) – las dos ortografías – y como no hay, después de todo, amor sin odio, menos ama”10.

Notas:

  1. Lacan, Jacques, Aún (1972-1973), Libro 20, El Seminario, Paidós, 1981, p. 110.
  2. Lacan, Jacques, ibíd., p. 110.
  3. Lacan, Jacques, op. cit. p. 109.
  4. Lacan, Jacques, Los Escritos técnicos de Freud (1953-1954), Libro 1, El Seminario, Paidós, 1981, p. 393.
  5. Lacan, Jacques, ibíd., p. 393. 
  6. Lacan, Jacques, op. cit. 394.
  7. Lacan, Jacques, op. cit. 403.
  8. Cottet, S.: “Freud, Lacan, el odio”, en revista El Psicoanálisis, nº 32, Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, 2018. Es una referencia esencial para el tema que Cottet sigue desde el S. I (1953) al S. XX (1973) de Lacan. 
  9. Lacan, Jacques, Aún (1972-1973), op. cit., p. 120.
  10. Lacan, Jacques, Ibíd., p. 120.
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