“Ver y saber: he aquí la libertad que poseemos, nuestro poder.

Decir lo que está cambiando y lo que nos cambia,

para no mantenernos ciegos o estúpidos ante lo que está moldeando

tanto el mundo como nuestro ser”

El ojo absoluto, Gérard Wajcman.

¿Cuánto quiere saber un sujeto, hasta dónde? Partiremos del discurso para tomar posiciones, hombre o mujer, dejando claro que la cosa no va de cuestiones biológicas sino de decires, semblantes y significantes, interesa la sexuación y los modos de gozar de cada sujeto, no las identidades sexuales, y regirá la imposibilidad de la relación sexual, observando la época actual.

¡Cuánto interés despierta aquello que sucede entre los sexos!, casi tanto como el amor ¿o será prácticamente lo mismo? Cuando un sujeto se presenta, en cualquier escenario, no sólo en un análisis, lo hace siendo esclavo del semblante, intentando describirse(r), diciendo lo que cree saber de lo que es. Se ve claramente en los grupos de jóvenes o los que no lo son tanto, que prácticamente parecen todos iguales, a la moda, pero a la suya, marcando las equivalencias, tendencias e intereses a través precisamente del sexo y sus semblantes, ya que justamente lo que alimenta es la dimensión imaginaria. “Hablo con mi cuerpo, y sin saber, luego, digo siempre más de lo que sé”1. Habrá que apartar los fantasmas individuales o sociales, los imperativos de la época en cuanto a la gestión de todo, e ir más allá, destacando los detalles, el esfuerzo de poesía del discurso de cada uno, llegando al anclaje, a las causas del deseo propio y a sus goces, ingobernables.

Como analistas trabajamos con los síntomas y con los semblantes, aceptando ciertos engaños y artefactos, a veces sabiendo la verdad y escondiéndola para quitarle luego el velo, puesto que detrás no hay nada. Lo real reemplaza a la categoría de verdad al encontrar real en el saber y no al contrario, lo real siempre resiste ya que escapa a lo simbólico. “El análisis presume que el deseo se inscribe a partir de una contingencia corporal”2, algo que muestra la relevancia de apuntar al sinthome dejando atrás el semblante

En la discordia entre los sexos, vista como interés y no como disputa, destacaré la relación que interesa entre ambos sujetos, cómo cada uno quiere implicarse con el Otro, cómo sufren o no por el vaivén de las palabras o por su inexistencia, cómo quieren saber del goce del Otro y qué poco del propio, o cuánto poder quieren ejercer sobre el cuerpo de quien tienen enfrente. Estos interrogantes llevan de nuevo a hablar del amor. En el seminario 11 Lacan cita: “En el análisis no nos las vemos más que con eso (el amor), y no es por otra vía por donde opera”3, luego, será el amor la excepción que permite saber algo, también a medias, pero que maneja la imposibilidad de relación sexual y reciprocidad, que anuda deseo y goce y que parece que a todos concierne, aunque también habrá que aceptar que no hay amor sin agujeros, que siempre faltan garantías y que es impotente, ya que ignora que no es más que deseo de ser Uno, lo cual es imposible.

“Cuando se ama no es asunto de sexo”4 y por tanto existen tantas posiciones sexuales como sujetos, fijémonos pues en las maneras de gozar, sabiendo que no se goza de un cuerpo sino es corporeizándolo de forma significante, teniendo en cuenta que los amantes hablan y la relación entre sujetos siempre es sintomática y que “el cuerpo es algo que debería causar pasmo”5. Se puede ver desde la práctica clínica que en el caso de las mujeres, su goce no está localizado y afecta a todo el cuerpo, ellas se angustian cuando el otro no les tiene en cuenta o cuando no se las nombra, pareciendo que tarde o temprano necesitan que las palabras del otro vayan unidas al amor o al sexo. Para ellas es posible estar presente en un encuentro sexual con otro y al mismo tiempo estar en otro sitio, probablemente pensando en el futuro, preguntándose sobre el deseo y la angustia del Otro, en si mañana seguirá siendo interesante, si lo que está sucediendo en ese momento tendrá valor, si se encuentra en manos del Otro, si será causa de deseo o si debería hacer algo para parar o mejorar el encuentro. La mujer suele hacer algo con nada y eso suele tener efectos sobre lo real. Para el hombre, la cosa circula por otros lares, a veces tomando el cariz de que todo puede convertirse en un trabajo, ligado a la angustia propia de la posibilidad de no poder y a la del desconocimiento del goce de ella, siendo el goce fálico el obstáculo por el cual no llega a gozar del cuerpo de la mujer, precisamente porque goza del órgano.

La realidad se abordará con los aparatos del goce, sabiendo que el lenguaje se queda corto. De ahí la importancia de la escucha de los sujetos, la aceptación de sus semblantes, síntomas y las nuevas formas de relación, los trucos inventados por los sujetos para relacionarse con los otros, el amor, los nuevos amores, los poliamores, los intentos de negar un malentendido esencial y estructural, un imposible que angustia y nos mantiene hablando, dando rodeos, con algunas trampas y otras palabras, intentando no sufrir tanto y llegar a algunas verdades, y a posiciones éticas que nos ayuden a descansar un rato, no a confesiones, sí a entender nuestros goces y gestos, y quizá arreglárselas para llegar al amor, un amor más digno que soportaría el goce del otro, amando quizá aquello más insoportable pero aceptando que el otro es Otro y que no hay que implicarse en su goce para intentar taponar la imposibilidad. Reivindicaremos la intimidad, el pudor y la subjetividad.

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, p.144 Clase 22 Octubre 1973.
  2. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, p.113. Clase 20 Marzo 1973.
  3. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, p.83 Clase 20 Febrero 1973.
  4. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, p.35. Clase 19 Diciembre 1972.
  5. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, p.133. Clase 10 Abril 1973.

Bibliografía:

  • Lacan, J., El Seminario, libro 8, La transferencia, Buenos Aires, Paidós, reimpresión 2017.
  • Miller, J.-A., De la naturaleza de los semblantes, Buenos Aires, Paidós.
  • Wajcman, Gérard, El ojo absoluto, Buenos Aires, Manantial, 2010.
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