“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”

Así habló Zaratrusta, Friedrich Nietzsche.

En la actualidad, el matrimonio ya no representa la única solución para un sujeto. Si en el pasado había sido la forma exclusiva de relación aceptada socialmente, ahora, en el mundo contemporáneo, al amparo de los cambios sociales y religiosos de nuestra época no se estigmatiza a quién no comparte su vida con otras personas, y esto ha abierto un abanico de posibilidades para las relaciones que pueden darse de diferentes maneras: heterosexuales, homosexuales, transexuales y una variedad de nuevas posibilidades en relación a las formas de elección y nuevas maneras de vivir la vida, nuevas expectativas que permitirán una forma “aparentemente” más libre de elección en relación a los goces y/o deseos de cada uno.

En ciertos casos, se alegan, como razones para postergar el compromiso para mantener una relación, la cada vez más prolongada preparación en estudios que requieren una dedicación que se dilata en el tiempo o la necesidad de conseguir una estabilidad profesional y laboral como cuestiones prioritarias.

Estas y otras condiciones han sido la causa de la aparición de una nueva “clase” social, uno de los fenómenos identitarios de nuestra época al menos en términos de situación afectiva, transversal, que no establece diferencias de edad ni clase social, los llamados “singles” cuya traducción “solos” no refleja meramente esa condición de soledad. “Single” es alguien solo, pero apunta a una búsqueda, los singles no son solamente solos, son solos que buscan dejar de estarlo pero ahí aparece el enigma, prolifera la oferta “single” siempre paradójica, porque es la oferta para el encuentro, actividades…ofertas para que los solos dejen de estar solos.

Pero “single” ya ha superado el estatuto de adjetivo, es una categoría, es un lugar de identificación, entonces ¿se puede dejar de ser “single” en los lugares que se le ofrecen para encontrar a otros? ¿Muchos “solos” pueden dejar de estarlo a pesar de estar unos con otros?

La sociedad capitalista actual en donde el consumo es el objetivo primordial, aprovecha este fenómeno y en este contexto económico el “single” ha pasado a ser un objeto más de interés, codiciado dentro de la cadena de consumo capitalista donde el mercado ha hecho de este fenómeno un target más. En él se ofrecen a los grupos de Singles para compartir aficiones, viajes y un extenso etc. de actividades sociales de divertimento.

Podemos decir que el fenómeno “single” es una respuesta a la “no relación sexual” que les permite acceder a un tipo sintomático de relación. Los “singles” se reúnen en nombre de una identificación de ser, velando bajo esa identificación el real de goce de cada cual, a diferencia del Uno de la existencia al que apunta el psicoanálisis. En ese sentido quisiera aportar esta pequeña escena de mi clínica:

Una mujer lleva un tiempo teniendo citas con hombres concertadas a través de una página web de encuentros, relata que en un segundo encuentro con un hombre este le dice que mejor no tener otra cita y le añade que es una mujer maravillosa y que más adelante se dará cuenta de la diferencia que hay entre el capricho y el amor, ese argumento le resonaba, era una cita de una película que ella había visto recientemente, no pudo evitar reír y decirle el título de la película. Ya lo habían indicado en la página, que a los dos les gustaba el cine.

Lo que se vende al target single es la libertad, recientemente podemos ver en las estaciones y paradas de metro y autobús una nueva campaña con lemas tan seductores como “single para hacer lo que quiere” “single para nunca tener que volver pronto a casa” “single para disfrutar cada momento” ¿qué suerte de libertad es la que proponen?

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