Deseo de maternidad en soledad

¿Qué empuja a muchas mujeres heterosexuales a la decisión de ser madres singles sin pasar por la relación con un hombre en la actualidad? La respuesta será particular en cada caso, pero podemos pensar en algunas coordenadas de época como son: el papel protagónico de la mujer, la determinación de apropiarse de su cuerpo y de su reproducción y sin lugar a dudas el discurso del Amo que va a la par con los progresos científicos.

Se ha consolidado una nueva industria de la reproducción asistida que ha vuelto autónomo el deseo de maternidad respecto al deseo amoroso hacia el otro sexo. Los avances en este campo permiten sortear la sexualidad para quedar embarazadas.

Pero hay un Real irreductible que escapa a la ciencia. Ser madre es también aquello que esquiva toda descripción meramente biológica de la vida. Es un acontecimiento que no solo atañe al cuerpo traer hijos al mundo va mas allá de un hecho natural.

La clínica de la infertilidad quiere convencer a las mujeres de la ilusión de que todo es posible y ellas aceptan entrar en ese recorrido dejándose llevar por un periplo de pruebas y medicaciones, invirtiendo mucho esfuerzo. Pero, a menudo, quedan atrapadas por su propio goce y el deseo queda relegado en segundo plano. El “deseo de tener un hijo” que aparece en muchos casos es superyoico e imperativo y a menudo es difícil de dialectizar y por eso paradójicamente mata el deseo.

La ciencia permite que una mujer pueda quedar embarazada sin pasar por la relación sexual, pero para ser madre no es suficiente con poner el útero a disposición de la ciencia, no se trata solo de una cuestión biológica es necesaria una aceptación sin reservas de la vida que se espera. El deseo de la madre se expresa a partir de la carencia como ofrenda de amor “dar lo que no se tiene”1, diría Lacan. Albergar la vida del hijo implica un consentimiento inconsciente.

Algunas mujeres que asumen la maternidad en soledad se sienten independientes, autosuficientes y quieren tener un hijo a toda costa. Colocando al hijo en el lugar del “hiperdeseado” incluso de “objeto de lujo”, dada la gran inversión económica que implica. Ese hijo puede presentarse como ideal del yo, reflejando el propio narcicismo de la madre sola que tapa lo que hay en primer plano, “la madre del goce” que quiere apropiarse del hijo como si fuera un “objeto precioso”.

El deseo de la madre no puede quedar reducido a “quiero tener un hijo”, es un deseo que tiene que ver con una “disposición a la espera”, implica una incógnita. Cada mujer podrá situar en el análisis cual es la presión que ejerce ese imperativo. Las enseñanzas de Lacan nos demuestran que la existencia del deseo de la mujer como no totalmente absorbido en el de la madre es la condición para que el deseo de la madre pueda ser generativo. Se trata de la “hospitalidad sin propiedad”2.

Ser madre implica “ir hacia” una apertura, abrirse al otro, reconocer al hijo como una alteridad, dar a luz implica desde el principio perderlo, en cierto modo. Requiere de una descentralización del propio ser sin la que no es posible ofrecer esa hospitalidad necesaria para acogerlo. El fantasma de apropiación no tiene en cuenta que la separación está contemplada en el mismo acto de la generación. Y me pregunto: ¿Las madres singles se sitúan con más facilidad en la completud imaginaria con el hijo? ¿Eso dificulta la separación? ¿Estas nuevas coordenadas producirán nuevas subjetividades?

Notas:

  1. Lacan, Jacques, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2007.
  2. Recalcati, Massimo, Las manos de la madre, Ed. Anagrama, 2018, p.34.
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