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¿Estar soltero es lo contrario de estar en pareja?

Hasta hace unas pocas décadas, la soltería se ha relacionado con la soledad; quizá porque proviene del término latino “solitarius”. En la actualidad ha sido sustituido por el término single, parece que este término inglés suena mejor.

No se trata del célibe, del cual habla Lacan en Televisión1; aquel que toma al pie de la letra la inexistencia de la relación con el Otro y cuya solución a la cuestión de la no relación sería evitar el encuentro con el Otro.

Los medios presentan esta “categoría”, singles, como un estilo de vida; el mercado ofrece una extensa oferta de actividades y las páginas de contacto aseguran disponer de algoritmos para conseguir encuentros. Podemos plantear que single es un término que se presenta como una suplencia lograda de la relación sexual que no existe.

El mercado actual promueve que la utilización de gadgets haría innecesaria la relación con los otros; nuevos modos de tratar la castración donde sería más fácil satisfacer la pulsión sin tener que pasar por el partenaire sexual, en un intento de neutralizar la percepción de la manera en que cada uno está afectado por la soledad.

Pero en nuestra época, la de la hiperconectividad, donde las formas de comunicación son cada vez más instantáneas, como ocurre en las redes sociales, la soledad hace síntoma y a nuestros consultorios acuden singles, sujetos para los que la soledad es un malestar que produce sufrimiento; aquellos que creen que un encuentro con el Otro es posible y sufren por no lograrlo, encadenando en muchos casos desencuentros.

Donde un análisis irá revelando cuales son los verdaderos partenaires del sujeto; aquellos con los que, sin saberlo, está casado desde siempre: el síntoma, pareja insoportable; el cuerpo, que en ocasiones se torna un desconocido; los pensamientos que no se pueden controlar, el mundo que a veces se torna inhóspito...

No podemos hablar de soledad en singular ya que esta no es una sino múltiple; en muchas ocasiones esta palabra toma valor significante pudiendo adquirir infinidad de significados, dependiendo de la singularidad del caso. Soledades entonces, donde unas producen sufrimiento y otras no.

Para el psicoanálisis la cuestión de la soledad se sitúa en el terreno de la ética, de las respuestas del sujeto ante su síntoma, ante su deseo y sus ideales, frente a los que se encuentra irremediablemente solo2.

No se trata entonces de eliminar la soledad, sino de que cada uno haga un uso de ella para que le resulte más soportable.

Si bien la soledad se asocia habitualmente a estar sin pareja, se trata de un concepto que no pertenece únicamente a la dialéctica del encuentro y el desencuentro amoroso. Podemos plantear que parejas y soledades son diferentes maneras de intentar una respuesta al real de la no proporción entre los sexos; donde las múltiples ofertas del mercado no tienen posibilidad de suplir el agujero que existe por estructura y que Lacan nombró “no hay relación sexual”.

En cada caso la relación con el falo, con el objeto y con el Otro sexo permitirá entender las distintas soluciones que ha ido construyendo cada sujeto, uno por uno.

Notas:

  1. Lacan, Jacques, “Televisión”, Otros Escritos, Ed. Paidós, abril 2012, p. 567.
  2. Bassols, Miquel, “Soledades”, El Psicoanálisis, núm. 17, Revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, abril 2013.
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