«Single»

“Single”, se ha convertido en un significante de uso cotidiano, hay ofertas de consumo para esta nueva elección. Asociaba “single” a soltero/a, solo/a; pero el diccionario Cambridge señala que además también significa único, uno.

Constatamos, que ante el ordenamiento que nos proponía el Nombre del Padre, con su declive aquello que oficiaba de brújula, ha quedado menguado. Otrora, la orientación era formar familia tradicional, a partir de este declive hay multiplicidad de formas de hacer familia, hacer pareja; y “single”, aunque parezca contradictorio es una de ellas.

¿Se trata de una moda o de un verdadero cambio de paradigma a la hora de propiciar un cierto encuentro? En una pareja, el encuentro no está asegurado de antemano, y, cuando se da ¡albricias!

A mi modo de ver, es una hipótesis, podemos pensar que en los “single” el intento del encuentro, a priori, se supone y que el tiempo en el que se produce está hipotéticamente asegurado, aunque siempre inestable. Dato que parece desconocido por ellos.

Zygmunt Bauman, señala que hay una gran dificultad a la hora de establecer relaciones “para siempre” y se desconfía todo el tiempo del estar relacionado y particularmente el “para siempre”. En “Amor líquido”, señala: “(…) temen que ese estado pueda convertirse en una carga que no se sienten capaces ni deseosos de soportar, y que puede limitar seriamente la libertad que necesitan –sí, usted lo ha adivinado- para relacionarse.”

Y así como desde siempre los que se casaban llevaban alianzas mostrando su condición, en el año 2005, aparecieron en Suecia los “anillos de solteros”, una sortija en la mano derecha, o un collar, de color azul. Con lo cual la marca de la elección se lleva en el cuerpo.

Advertidos como estamos por Lacan que “no hay relación sexual”, no hay garantía de un goce universal que alivie a un “para todos”, nos confrontamos así con un real para cada uno particular. Las condiciones de elección son singulares e irrepetibles, “single” es una de las tantas.

El tiempo, la eficacia y la soledad a partir del discurso contemporáneo tiene efectos en el amor y eso se hace eco en lo que escuchamos en nuestra práctica clínica, sujetos que consultan respecto a los problemas del amor y los lazos amorosos; pero al mismo tiempo existe una sólida comodidad en el estado “single”, se pueden mantener relaciones fluidas escapándose de las relaciones estables.

El discurso contemporáneo, tiene como efecto el rechazo a la castración, tratando de homogeneizar los lazos en las manifestaciones que vemos de transformación del lazo amoroso, donde los sujetos cuya opción es “single”, entiendo que surge como defensa a la construcción de un lazo amoroso estable con las dificultades que ello ocasiona, y sin cuestionamiento alguno; lo pensamos como una cierta dificultad en el sostenimiento del lazo.

Este lazo consigo mismo del “single”, es una vertiente que adoptan algunos sujetos para evitar lo que supone el encuentro y el desencuentro con un partenaire. Al mismo tiempo este estar consigo mismo, es otra vertiente del consumismo, en donde las distintas versiones de soledad marcan una forma de establecer los vínculos para algunos sujetos hoy; como un estilo de vivir la pulsión, tal como sostiene, E. Anzalone en El amor en los tiempos del WhatsApp.

Se trata que el sujeto consienta a desear un cambio en la posición de goce; tal como plantea Lacan, se trata de un amor más digno, para ello los psicoanalistas debemos estar a la altura de la época.

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